lunes, 23 de abril de 2012

hay muchos traseros que patear 34



Balsani desobedeció las órdenes de Benley y este ahora mostró la inflexibilidad que debía estando al mando de todos ellos tal y como se suponía quedó claro en la reunión anterior. Benley era un tipo dado al diálogo, a intentar resolver las cosas hablando pero seguramente ya estaba harto de tanta palabrería. Le bastó una mirada intencionada a Anette y esta apuntó con su fusil a Carlo, lo mismo que Viviana, al lado de Benley. Aquello tomaba el cariz de irse al carajo de nuevo dependiendo de la reacción de los demás. Tal vez el cabo habría debido enviar también a Carlo con los dos revoltosos, Rivers y Sandro, pero demasiados efectivos se perdían en esa separación. Podría parecer una jugada lógica del cabo, sin embargo había que tener en cuenta que no iba a mandar al médico o al único piloto de la que disponían. Quien sabe, tal vez un poco de todo ello en la balanza.

Benley:- Mis órdenes fueron claras, Carlo. Si persistes en esa actitud, serás arrestado. Me parece estúpido tener que llegar a estos límites pero no voy a tolerar insubordinación alguna.

La confianza hacia el cabo estaba muy menoscabada tras el incidente anterior, sin embargo era el único suboficial que tenían y habían decidido darle una oportunidad. Quedaba claro que Anette y Viviana le apoyaban y desde luego Helen, programada para seguir las instrucciones del mando no iba a oponerse a él jamás a no ser que enfrentase sus parámetros de comportamiento principales. Sandro tenía la mirada de aquel a quien no le importa nada, situado en un pedestal por encima del Bien y del Mal. Simo se mantuvo callado mientras Rivers aconsejaba a Balsani que se lo pensase mejor y solicitara permiso; ya era tarde para eso. Helen fue la primera en dar su opinión, basada en la lógica de sus circuitos neuronales artificiales; de todos ellos era quien tenía más claro como actuar, fuera de inquietudes, dudas y emociones humanas.

Rivers, Dillon, y los demás, aguardaban nuevas órdenes ante el peligro imprevisto y repentino. Benley iba a hablar cuando Yamec respondió a Frost, alzando una voz de timbre grave, poderosa, un orador en la montaña:

- No has visto a Dios. ¿Tampoco lo ves en tus manos cuando salvas una vida? ¿No has visto su aliento en la criatura que has ayudado a traer al mundo? Ciencia, claro, eres un hombre de ciencia. Pero eso no excluye a Dios, se complementan. No quieres ver a Dios en tus compañeros vivos, solo en los muertos. Una actitud arbitraria reflejo de la frustración, desesperanza, de la carencia de Fe en algo más de lo que ven tus ojos. No te lo censuro, hijo, pero tú, vosotros, sabéis mejor que nadie que el dolor es inherente a la condición humana. –Ligera pausa-. No somos inocentes, nadie lo es excepto los ojos del niño; la pérdida de la inocencia nos convierte en adultos y nos regala el don de la decisión. Nos hace hombres para elegir. Tenemos los medios para derribar esa nave antes de que llegue, antes de que nos alcance con sus armas y transforme estas instalaciones en un amasijo de metales retorcidos y cuerpos humeantes. ¿Acaso no sería lo más inteligente por su parte que destruirnos? Pero tal vez deseen cogernos vivos y se arriesguen. ¿Tú lo sabes? Yo no. Como tampoco se si efectivamente se tratan de nuestros enemigos, solo que ese transporte nos trae maldad, negación. Puede que únicamente malas noticias. Así que nos quedaremos aquí, esperando. No haremos nada, nos entregaremos a las manos de Dios, arriesgaremos nuestras vidas antes de eliminar otras.

Anette: - Ya lo dije antes, está loco de atar.

Los hombres y mujeres de Yamec se quedaron en sus sitios, armados, sin inmutarse, dispuestos a correr la suerte de su líder.

Benley:- No es momento para marcharse en busca del sargento, si ven el vehículo a campo abierto estáis muertos. Yo me quedo con Yamec.

Anette:- ¿Qué? ¿Has perdido el seso? ¿Qué te ha hecho ese hombre?


Benley: Nada. Nada en absoluto. Tiene la fuerza del coronel, el espíritu de un guerrero, en su mirada veo la verdad. Me gusta el tipo. Podéis ocultaros en las montañas próximas, observad los acontecimientos, actuad en consecuencia. Quien lo desee que se quede, el que no, que haga eso. Helen irá con los que marchéis, es vuestro piloto.

Viviana: Yo también me quedo.

Anette se quedó sin habla, confusa, incrédula. Miró a los demás, sus ojos preñados de desconcierto.



*****

La nave aterrizó a doscientos metros de las instalaciones, similar en tamaño y diseño al Independencia, podía transportar tal vez cincuenta hombres más la tripulación de unos diez contando los auxiliares de mantenimiento. Descendió un vehículo militar armado con dos cañones y con ocho hombres, uno de ellos saludaba con la mano. Se acercaron levantando una humareda de polvo amarillento, saltaron del armatoste y corrieron hacia Yamec, todos con traje de combate y pistolas, sin rifles. Yamec anunció que conocía a dos de ellos, apretaron su mano y le abrazaron, parecía faltarles el resuello. No tardaron en darle las malas noticias, ignorando por lo pronto a Benley y al resto de marines:

- Un desastre. Tres unidades destruidas, el Nido y Enjambre desmantelados, han capturado a muchos de los nuestros. Debemos irnos cuanto antes.

Yamec asintió discretamente sin que su expresión de serenidad cambiase. Les hizo gestos de que entrasen para discutir el asunto y tratar de toda la información y cuando iban en mitad del puente Yamec desenfundó su pistola y le descargó un tiro en la sien al de las noticias, un tal Sion. Todos se quedaron boquiabiertos y acto seguido abrió fuego contra el otro tipo en plena cara. Saltó sangre espesa y roja en ambos, una humareda acre se levantó de las heridas mientras se desplomaban y…un diminuto entramado de cables semiorgánicos chisporroteó. Sintéticos. Nela comprendió, gritó órdenes y se entrecruzaron disparos con los otros hombres que después de la sorpresa reaccionaron blandiendo sus armas cortas contra los compañeros de Yamec.

A lo lejos, la nave comenzó a vomitar pertrechados soldados, y un par de blindados semejantes a tanques. Dos misiles impactaron en un edificio casi derruido por el tiempo y el abandono.

Carlo Balsani

Benley vomitó sus órdenes mientras Balsani seguía caminando hacia el vehículo donde aguardaban Rivers y Sandro. Anette tomo un fusil y apunto a Balsani, todo indicaba que era una orden superior para ellos. No para Balsani, no en este punto.

-Anette, ya veo que sigues las ordenes de tu nuevo dueño ¡Ja! el coronel y el sargento no eran nuestros dueños, eran nuestros compañeros de armas, nuestros hermanos, éramos una familia. No seguíamos las órdenes por medio de la intimidación, las seguíamos por el código de los hermanos de armas.

Carlo pensó que estaba en el ejército y estaba argumentando tonterías, sin embargo ya no había marcha atrás.

- Vamos, Anette, puedes dispararme por la espalda y así poder cumplir las órdenes de tu nuevo amo. Pero sabes una cosa, Benley, si lo hace lo que provocarás es que solo confirmes lo que todos sabemos ¡Que te has vuelto una niña llorona! Los demás no te seguirán por respeto sino por temor a tus represalias.

Le dio la espalda a Benley y Anette todavía apuntándole con sus enseres en su mochila en espera de dos cosas: una oír el sonido del disparo o la ayuda de al menos uno de sus compañeros. Si todavía tenía alguno ahí.

 



Helen McFersson


Helen pensó que Benley se había tomado en serio llevar los galones. Carlo por contra, parecía no enterarse de nada y la consecuencia fue que actuó insubordinadamente... y el efecto final, un arresto. Pero el arresto no llego, solo llego un aviso el cual Carlo hizo oídos sordos con algo (resumido y) parecido a "me la sudas, porque eres gilipollas" pero más verbo florido. Carlo parecía olvidar que seguía en el ejército, unos mandan, otros obedecen. Annete apunto a Carlo, y Helen quería intervenir, pero Ghost no le dejo ni abrir la boca. A fin de cuentas, había otra amenaza mucho más real.

Yamec empezó a hablarle a Dillon de dios. Ghost intento darle un valor, un significado a esa palabra. Giro su cabeza volviendo su visión de horizontal a vertical, a un lado y a otro. Tuvo que contentarse con comprender solo el concepto de dios, ya que no concebía eso de que estuviera en todos ellos cuando hacían cosas positivas y desapareciera repentinamente en las negativas. Insistía en que tuviéramos confianza en él, parecía tener un claro presentimiento sobre lo que traía la nave. Eso podía entenderlo, a fin de cuentas ella tenia constancia de que existían personas con talentos inexplicables, como ver el pasado o el futuro. Pero para eso, tenían que tener que tener un nexo de conexión, un vínculo psíquico. Y si lo tenia, eso solo podía significar que había estado en contacto físico con ellos. Pero era solo una teoría, y realmente carecía de importancia el resultado final de esas divagaciones. De cualquier modo, Yamec se negó a rodear la nave y abrir fuego contra las turbinas y la gente que saliera. No entendía esa manera de proceder, pero era su decisión. Aunque en realidad era un suicidio y por ello dio la razón a Anette.

- Tienes toda la razón. Cuando la fe niega la razón, solo cabe esperar un resultado. El peor posible. - dijo confirmando las palabras de Anette con el mayor de los pesimismos.


- Benley, no te engañes. Ese tipo quiere jugar a ser Jesucristo luchando contra romanos y acabara siendo mártir. Y lo peor de todo es que a todos los que esta cegando con sus palabras terminaran tan mártires como él.

Helen se iría con algunos de sus compañeros. Era inútil decir que no se iría, ya que siguiendo las pautas de Benley, se lo ordenaría y ahí no habría vuelta a atrás fueran cuales fuesen las circunstancias. Por otro lado, entendía que podía tratarse de cierta desconfianza al no ser humana, y al mismo tiempo asegurarse de que habría una piloto que los sacara de aquella roca. Antes de irse vio como tras intercambiar saludos y mensajes Yamec mato a los que aparentaban ser sus compañeros. Sin embargo todos descubrieron que eran sintéticos. Ghost sonrió, y lo hizo porque eso significaba que si salía de una pieza por fin tendría piezas de repuesto. Se acabaría su cojera, y podría reponer la piel sintética en minutos en lugar de horas o días. Su alegría apenas duro tres microsegundos ya que se dio cuenta de que para ello necesitaría a Viviana.

Se alejo siguiendo el plan de Benley. No le parecía buena idea ya que necesitarían todos los rifles posibles, pero... era su decisión.





Jake Rivers


La situación se pone bastante tensa. No acaba de entenderlo. Él hace un esfuerzo difícil de comprender para los demás. Rebelarse cuando no le gustan las órdenes, ser indisciplinado, contradecir a los superiores… está en su naturaleza. Por ese motivo jamás le ascendieron, por ese motivo pasaba más tiempo en el calabozo que de permiso. Le desagrada como al que más cuando un oficial se toma demasiado en serio su cargo, cuando da órdenes que a todos los demás les parecen inoportunas. Cuando Benley le ordenó ir únicamente con Sandro en busca del sargento, Rivers pensó que era absurdo. De buena gana habría lanzado un directo contra la cara del cabo para darle la bienvenida al mundo real. Ese es precisamente el esfuerzo, contenerse y luchar contra si mismo. ¿Lo hace porque Benley le parece un buen oficial?, no. ¿Le cae bien?, tampoco. ¿Está de acuerdo con las órdenes?, evidentemente está en completo desacuerdo. Se reprime porque están en una situación realmente mala, ni los manuales ni los instructores les hablaron jamás de algo así, porque algo así no debía ocurrir, era imposible. La insubordinación en momentos como este solo consigue poner en marcha una bomba difícil de desactivar.

Balsani no está de acuerdo, ni siquiera cuando le apuntan con un arma. Eh ahí lo que no comprende. Además increpa a Anette. O sus palabras la convencen o la harán estar más segura de disparar en caso de ser necesario. Ignora como acabará todo esto, y para colmo llegan malas noticias, más aún.

Como esperaba, Benley les dice que no marchen ahora. Hay algo mal en el cabo, está demasiado convencido de las palabras de Yamec. Incluso si era un hombre de fe, lleva un tiempo llegar hasta esos extremos. Ahora mismo habla de Yamec como de un guía espiritual o de un salvador. Anette también está sorprendida por aquello. En realidad todos deben estarlo.

Nuevamente llega el momento en que el cabo les da a elegir, justamente lo que no quería. – ¿Para qué necesitamos un oficial si esto se convierte en una democracia?-. Todo lo que la unidad Sigma significa se está yendo al infierno. Se apuntan los unos a los otros, no hay órdenes, no hay confianza. Quizás sobrevivir a la antimateria haya sido una desgracia.

Piensa unos segundos sobre cuales serán sus propios pasos. –Si esa nave trae soldados, van a arrasar a esta gente. Son rebeldes, y no dudo de su buen entrenamiento, pero…- lo siguiente es el hecho más contundente que se pueda dar en una discusión de este tipo –Nosotros hemos aplastado antes a otros rebeldes. Es el único fin posible cuando una fuerza se enfrenta a otra que está mejor preparada-. De hecho volvían de hacerlo. Antes de que todo se fuese al infierno. –No me gusta Yamec, para nada, pero creo que nuestra misión sigue siendo proteger a la chica que trajimos con nosotros. Yo también me quedo-. Sonríe mientras revisa su armamento. –Además… tengo curiosidad por saber qué se siente al ser nosotros los rebeldes. Y si eso no bastase, me resulta molesto que unos sintéticos nos hayan dejado obsoletos, me veo en la obligación de enseñarles cómo luchaban los marines de hace medio siglo- No le importa si los demás se quedan o no, si no comprenden sus razones, o… ninguna otra cosa. Se le pedía tomar una decisión, ya lo ha hecho.

Al ver la nave aterrizar, no puede evitar pensar algo. Si esa es hostil podrían robarla, entonces ya no habría motivos para no emprender la misión de rescate para el sargento. “Desgraciadamente”, parece ser de los hombres de Yamec. Este incluso se abraza con sus ocupantes cuando estos salen del blindado.

*Incluso Rivers, alguien que se considera a si mismo un cabrón sanguinario, queda sorprendido al ver la sangre fría con la que Yamec dispara al tal Sion, y luego al otro. –Menos mal que los conocía, prefiero no pensar lo que haría con un extraño-. Las cosas se aclaran al mirar los cadáveres. Son sintéticos, deben ser esos armatostes de combate que mencionó Benley. En cuanto se da cuenta, dispara mientras se mueve para buscar una cobertura rápida. –Ahora seguro que se alegrarían de ver en mis manos el lanzamisiles-

Dispara un par de veces sin asomar siquiera para apuntar. Ráfagas largas y abiertas en abanico. Aunque den en algún blanco tendrán poca eficacia, pero tal vez hagan cubrirse un poco a los enemigos y permitan a otros disparar. Luego prestará especial atención a sus sentidos y al tiroteo. Quizás esté demasiado cubierto como para ver al enemigo sin asomar, pero puede estimar su posición aproximada por los disparos, los rebotes de las balas… hay muchos indicadores en pleno campo de batalla. Cuando sepa más o menos hacia donde mirar, se agachará y asomará para disparar. Un par de tiros lo más certeros posible (aunque sin detenerse demasiado para apuntar), y volverá a cubrirse.
Seguirá así, a veces disparando agachado y otras levantándose. Observará también como se desarrollan las cosas, como es el entorno. Piensa cómo lo haría él para tomar esta posición en caso de ser el enemigo. Quizás pueda anticiparse a los movimientos de los sintéticos y darles una grata bienvenida. Además buscará otras posiciones para moverse, tanto si tienen que avanzar (lo cual siempre debe intentarse en una batalla) como si no tienen más remedio que retroceder. Así no perderá tiempo buscando sitio luego, y podrá moverse rápido en caso de estar cerca de la zona de impacto de un misil. Tan solo hablará para una pregunta evidente – ¿Tenéis armamento anticarro?-. De no ser así lo van a pasar muy mal contra esos blindados.

Espera que esos casi cincuenta años no le hayan oxidado demasiado… aunque bien pensado, para él han sido solo unos días.



Dillon Frost


Benley decidió acatar el mando. Balsani no se lo puso fácil. Estaba de parte de Balsani como hombre, como compañero. Como marine, tenía que respetar la orden del cabo. Dos hombres ya eran muchos para esa misión. Y Benley los había elegido. El mismo pensamiento turbio se coló en su cabeza. ¿Por qué a ellos dos? Los más difíciles de controlar. Había hablando con Annete, le había dicho que la apoyaría. No si iba a matar a Balsani por detrás. "Baja el arma, chica. No la provoques, Balsani. No vamos a matarnos, no vamos a luchar entre nosotros". ¿Qué pretendía Benley? Así tampoco lograría el respeto de sus hombres...sobretodo cuando buena parte de ellos eran Balsani mismo. No llegó a más. Yamec intervino, liberador, como un Mesías que traía paz, o posponía la violencia, hasta el siguiente respiro. Le respondió. No le conocía pero ya la estaba juzgando. Dillon había hecho lo mismo. Aunque en el caso de Yamec tu personalidad quedaba más a la vista que la suya. Le respondió.

-No veo a Dios en la muerte, solo al hombre. Y en la vida, también le veo. No solo soy un hombre de ciencia, también soy espiritual. Creo en lo que no veo porque lo que siento no entra dentro de los procesos químicos o físicos que explican los libros. ¿Dios? Claro. En todos los lados, pero sobretodo en los ojos de la humanidad. No estoy frustrado, un marine no se frustra. No estoy desesperado, no conozco el significado de esa palabra. Ni mis compañeros tampoco, señor Yamec. Hace poco caminábamos por el desierto sin saber que encontraríamos. SI habría algo más que agua y tierra. Y aunque no teníamos esperanzas, caminábamos. Porque somos marines.-Al final, terminó repitiendo algo que ya sabía.-O sea, que no sabe nada sobre la nave.-Tenía una corazonada, una certeza. No venía de Dios. Pero había hecho que así fuese. Y ahora que iban a esperar...también era obra de Dios. Yamec era bueno hablando. No se enredaría con él en un combate dialéctico porque podría perder. Y no quería convertirse en uno de sus acólitos. ¿Y Benley? ¿Había sido convencido?

Las ovejas ciegas obedecieron a su pastor. Benley dijo que debían quedarse todos.

-Entonces no hay motivos para tomar en consideración la acción del soldado Balsani, señor. Nadie va a ir a ninguna parte, por ahora. No ha desobedecido ninguna orden.-Esperaba que funcionase. O aliviase tensiones entre sus dos compañeros. ¿Por qué tenía él que arreglarlo? Antes eso era cosa de los oficiales. El grupo se disgregaba, se disolvía. Había disputas y charlas ocultas a los demás. Hasta él sospechaba. Tenía que cerrar esas heridas sangrantes como hacía siempre. O al menos intentarlo.

Y Benley soltó la bomba. Sintió ganas de golpearlo, de partirle los dientes. Anette se sintió destrozada. Toda su confianza había sido cogido y tirada a la basura. Él se mantuvo impasible, como siempre. Dentro era un huracán de ideas y tormento.

-Señor.... ¿Está disolviendo la unidad? Señor...-Apretó los dientes hasta que las encías le sangraron. Nueve de cada diez dentistas no aconsejaban que se cabrease.-Señor.... ¿Está desertando?*


Un motivo para quedarse. ¿Por qué no marcharse? Helen lo hacía. La decían rana, y saltaba. El compañero ideal. Una excusa, un sentimiento, algo que lo atase a aquel lugar, algo que le hiciese empuñar un arma. Rivers se quedaba. Era un carnicero. No, era un marine. Él era el fuego impetuoso, Helen el frío domado. ¿No podía haber un punto intermedio? ¿Por qué luchar? ¿Por Yamec? Al Infierno con él. ¿Por los suyos? No les debían nada, no eran inocentes. ¿Entonces...? Por la civil. Rivers lo había dicho. Podían sacarla y marchar con ella a las montañas. No era relevante. No en la decisión. Algo más. Lucha, sangre, tensión. Había nacido para eso. Aquella gente le necesitaría. Honor, gloria. Marine. Y un niño. Estaba decidido.

-Yo también me quedo.-Nada más. Se armó, se calzó la armadura, la vieja Betsy a la espalda, el arma automática en las manos. Si había guerra iba a ser de la vieja escuela. Zorros viejos contra los avances de la tecnología. Iban a patear unos cuantos culos cibernéticos.

La nave aterrizó, un vehículo militar. Conocidos, al menos un par. Yamec les saludó. Hablaron. Habían perdido un par de sitios. Ajá. Y Yamec les voló la cabeza de un tiro. El chispazo en sus rostros le hizo comprender que eran máquinas. Igual que Helen solo que programados por las manos contrarias. Bien, empezó la fiesta. Buscó parapeto con celeridad. Sabían como moverse. ¿Por qué no estaba Benley dando órdenes? "Maldita rata". Vio dos blindados, luego se guareció mientras los demás gastaban munición.

"¿Tenéis armamento anticarro?", como no, Rivers. Había caído a su lado.

-De entre todos los lugares...-No terminó. No era momento de bromas. O quizás si. El momento de una alegría explosiva. Sacó una granada. ¿Quedaba alguien en el vehículo en el que habían venido los falsos rebeldes? Se asomaría, intentaría encestar. Tenía dos cañones. Podrían con el blindaje**. Los marines no necesitaban armas. A veces las perdían o se les acaban las balas. Habían sido entrenados para tomar las del enemigo...con graves consecuencias para él. Además de demolición y sabotaje, también habían aprendido a sobrevivir manejando el armamento enemigo. Rebelde Rivers, ¿Crees que podemos hacernos con ese carro? Deja a esos jesuitas con sus armas de juguete, y tomemos el nuevo siglo por los cuernos...





Simo Kolkka


Se mantuvo callado durante gran parte del debate, sorprendido por la interpretación que se le había dado a sus palabras. El momento clave fue ver la sonrisa en la cara de Sandro ante su propuesta.

- No se me ha debido de entender bien. Confiscar quiere decir confiscar. En la academia de francotiradores gran parte del entrenamiento se hacía sin armas, y con la supervivencia del enemigo como parte fundamental del éxito de la misión. No estoy hablando de convertir a los cristianos en una especie en peligro de extinción. Somos menos pero mejores, y tenemos el factor sorpresa. Espero que haya quedado claro.

Se sentía casi indignado. Era un marine, no un genocida. Pero había quien había aceptado muy rápidamente la versión adulterada de su plan. Le preocupaba más aquello que todas las hormigas asesinas de la galaxia. Estaban perdiendo sus cualidades como marines poco a poco. En la guerra pasaban cosas así con frecuencia. Una unidad quedaba detrás de la línea enemiga, sin posibilidad de volver, y si sobrevivían demasiado tiempo se perdía completamente la perspectiva, hasta el punto de convertirse en animales. El incidente con Balsani fue otra prueba de lo mismo. La presión empezaba a fracturar el sentido común individual, y Benley se había cargado el sentido común de grupo. La idea de que el cabo "dejara marchar" a Rivers y a Sandro. ¿Los estaba desechando? Si descubría que era así, Benley tendría que responder ante el, le daba igual si era cabo, capitán, o general de cuatro estrellas. Antes de que el plan se viniera abajo gracias a la visita de unos desconocidos, dejó caer un comentario:

- No por que, pero no creo que la nave vaya a poder despegar hasta que no volváis por el sargento, así que tampoco os lo toméis con mucha prisa.

Si la nave que se acercaba era el transporte, la cosa se complicaría. No estaba seguro de cuantos del equipo le ayudarían a mantenerla en tierra, pero por muchos que fueran, implicaba que tendría que tomar un control completo. La cosa podía ponerse fea, pero no hasta el punto que habían dado por supuesto cuando había dejado caer su plan. "Afortunadamente", se trababa del enemigo, como los sesos formados por cables del huésped de Yamec dejaron claro. Antes de que cayeran al suelo todo había empezado a funcionar.

- La vieja escuela contra la nueva. Me gusta, pero no esperaba estar el primer equipo antes de los treinta años...

Cogió el rifle, y se tiró al suelo. Buscaría un punto con cobertura desde donde tuviese un tiro claro hacia las compuertas por las que fueran saliendo las tropas. Echaría a un lado, en el suelo, las municiones, y empezaría por disparar. Daba igual la distribución, si no los frenaban lo suficiente como para que la gente de Yamec se preparase.

- ¡Helen!- gritaría, con la esperanza de que todavía no se hubiese marchado.- ¿A donde les disparamos? Toasterfrakker...*

En caso de que no contestase, empezaría por disparar en la cabeza a algún enemigo que estuviese bien localizado, y miraría que tal le sentaba. Si la ausencia de cabeza lo inutilizaba, se lo comunicaría a quien estuviese cerca.

Después, buscaría objetivos potenciales, como los que condujeran los transportes. Supuso que no habría oficiales, sino que las órdenes se actualizarían automáticamente desde algún punto de la nave, o incluso desde fuera del planeta. Por razones parecidas no funcionaría ningún tipo de maniobra psicológica. Lo único que podían hacer era disparar hasta que no quedara ninguno. Estaría atento por si intentaban disparar con artillería hacia ellos, y no podía evitarlo de otra forma que corriendo, y también vigilaría si sus compañeros decidían moverse.

* Puede estar todo lo visto que queráis, pero alguien tenía que decirlo.

domingo, 22 de abril de 2012

hay muchos traseros que patear 33



El cabo Benley comprendió que había cometido un pésimo error. No solo demostró su flaqueza frente a sus soldados, porque aquellos eran ahora sus marines, sino que abrió la puerta a la desconfianza, la incertidumbre, al choque de posturas contrapuestas, a que cada uno dijese la suya. Eso no podían permitírselo y Benley se dio cuenta que del mal causado, maldiciéndose por su imprevisión; error de cálculo, pensó. Debía solucionarlo. Los miró, estaba seguro que unos le seguirían fuese cual fuese su decisión, otros la aceptarían a regañadientes, y puede que más de dos le plantasen cara; Simo apostaba por la anarquía, lo que alegró el semblante de Sandro, partidario de tal cosa. Dillon parecía el que más le apoyaba junto con Viviana, mientras Rivers lo que quería era que le mandasen con un lenguaje claro y directo, sin tonterías ni niñerías, y de esa forma no tener que pensar demasiado. Helen optó por relevarle del mando; supuso que la mente lógica de la sintética analizó las múltiples posibilidades y esa resultaba la más razonable y lógica. Su expresión cambió a otra de serena determinación, en sus ojos brilló un destello del tipo duro y con sentido común que solía ser; tomó aire:

- Nadie va a tomar el mando. Queréis un pato cabrón líder de la bandada. De acuerdo. Los galones no te hacen líder, eso se lleva en la sangre, pero asumiré la lotería que me ha tocado. Por lo pronto está la búsqueda del sargento: dos de vosotros iréis, Rivers, que tantas ganas tiene, y Sandro. No puedo prescindir de ningún otro, todos sois piezas clave en esta unida pero algunos son prácticamente irreemplazables. Yamec nos deja uno de sus cacharros pero no esperará a nadie, cuando llegue su nave, se largarán. Ese es vuestro riesgo. Nosotros somos una unidad, siempre lo hemos sido y eso se demuestra con la acciones más que con las palabras, por lo tanto, llegado el momento, intentaremos convencerles de que aguarden un poco. Simo, no vamos a confiscarles nada, no es nuestro estilo, no con esta gente, sin embargo, si las circunstancias lo requieren, lo haremos. Confío en no llegar a tanto...No esperan a sus compañeros hasta dentro al menos de dos días, eso os da cierto margen, pero recordad que les ponemos en un grave peligro, pues como ya sabéis temen un ataque, y dudo que podamos convencer de nuestra historia a un equipo de asalto. Así pues, tres días, no más, evidentemente si es que su nave está aquí ya. Luego deberemos irnos. ¿Queda claro?

Sandro asintió con una sonrisa de perversa animosidad:


- Lo que más me jode sería no ver más el culo de Anette. Aunque me alegraría de perder de vista las feas caras de otros. No compensa, la verdad.

Anette dio un bufido pero no dijo nada. Benley continuó:


- Como he dicho, podemos salir de aquí. Nos llevarán con ellos a su destino y a partir de ahí buscarnos la vida para salir del Borde Exterior o llegar a una base de los Marines Coloniales. La chica puede quedarse con ellos, quizá sea la mejor opción para ella, a no ser que decida correr riesgos con nosotros hasta que podamos dejarla con autoridades competentes. Otra cosa…- dudó un instante -. Me ha pedido ayuda. No, no es un favor por su hospitalidad, no existen compromisos. Ese Yamec es inteligente y sabe qué clase de soldados somos. No se trata de unirnos a sus rebeldes, no es eso, sin embargo ha dejado claro que tenemos la puerta abierta de querer hacerlo, ellos representan los únicos amigos que tenemos en este tiempo. Esa droga que está matando a la chica, se extrae y elabora del cuerpo de una mosca, la Mosca Roja, descubierta por pura casualidad hace dos años en un satélite que es un pantano hediondo e irrespirable. Al parecer unos contrabandistas dieron con esos insectos, escasos. La droga es adictiva desde la primera toma, y mortal. Te transforma en un zombi y acaba por bloquear el sistema nervioso. La Weyland la están usando con prisioneros y no solo eso, con sus propias tropas, kamikazes suicidas. Yamec prepara un asalto a las instalaciones de esa luna con gente de élite de su grupo, pero se ha dado cuenta de nuestro potencial, considera que la mano de Dios nos ha traído hasta él.

- Majadero loco – intervino Anette -.


Benley: - No está loco. Creen firmemente, no resultan de esos tipos de doble moral. Tampoco parecen alcanzar el límite del fanatismo, aunque nunca se sabe. Apuesto que es el tipo más buscado en este sector de la galaxia, peligroso y con recursos.

Vivinana:- Entonces, retomemos la idea de Simo. Lo capturamos y entregamos a las autoridades. Eso ayudaría a nuestra reintegración.


Sandro: - ¿A quién coño le interesa nuestra reintegración? Eh!, pensadlo bien. Unos soldados que saltan en el tiempo. Nos van a joder como se enteren, con sus jodidas inyecciones.

Se resolvió así la situación, dejando en suspenso la decisión a tomar, para que todos meditasen acerca del posible compromiso con el grupo de Yamec. Sandro insistió en que cuando regresasen y salieran de esta mierda de planeta debían ser enérgicos y actuar conforme la sugerencia de Simo, apoderándose de la nave; ellos eran lobos, no corderos. Curiosamente, Anette le secundó tímidamente, sí, pero asintió con la cabeza. Benley respondió que tomaba nota y en una próxima reunión discutirían los temas pendientes. Rivers y Sandro se equiparon y en poco tiempo tuvieron preparado su vehículo, similar a una ranchera blindada. Para su sorpresa, uno de los integrantes de Los Guerreros de la Fe, se presentó voluntario para acompañarles como conductor y guía, a pesar del riesgo que representaba la expedición; así era esta gente. Era un tipo no muy alto, rechoncho, de fuertes brazos, cabeza redonda y ojillos perspicaces, su nombre André.

Con todo casi listo, en las afueras, al lado del vehículo, llegó corriendo Nela, con ojos relampagueantes de temor:

- Una nave ha entrado en la atmósfera del planeta, a menos de media hora de aquí. Ha establecido contacto y facilitado los códigos y claves, pero Yamec presiente que no es la nuestra, que nos han descubierto. Hay que buscar refugio en las montañas cercanas.

Yamec apareció arriba, sobre una plataforma:

- No es vuestra guerra. El destino a veces cambia su curso, las casualidades entrelazan su mimbre. Puede ser vuestra oportunidad de regresar a vuestro mundo. Creo que no me equivoco si digo que son nuestros enemigos; esa gente no es buena y aquí corréis tanto peligro como nosotros.





Carlo  Balsani

Las órdenes del cabo Benley solo eran aplicables a los demás, no para Balsani. A la mañana que se disponían a salir Rivers y Sandro,  Balsani tomó sus cosas y las introdujo en el vehículo donde ellos iban a partir. Miró a Rivers y con tono serio le dijo.

-El sargento nos salvó cuando nos guió a los restos del Independencia a pesar de las múltiples veces que discutimos entre nosotros. No pienso quedarme cruzado de brazos y no devolverle el favor a él. Ya lo dijo Helen, han pasado cincuenta años y según las reglas de la milicia ya ha acabado nuestro tiempo de servicio y esto no es una insubordinación, solo regreso un favor a un amigo de tiempo.

Balsani encaró a Benley y con un saludo marcial le dijo:

-Señor, si piensa ponerme en corte marcial deberá de hacerlo, pero si lo piensa hacer deberá de seguirme a donde se encuentra el sargento. Lo siento pero no pienso quedarme aquí sin saber que le ha sucedido a Kaplizki y si no regreso no tengo ya nada más que perder.




Dillon Frost


Benley se había mostrado humano ante ellos. Un oficial jamás podía hacer eso. Un oficial debía a hacer creer a los demás que estaba hecho de una pasta diferente, que no había sido engendrado por una madre sino forjado en una fábrica con el mejor de los metales. En tiempos de guerra el oficial al mando era el hombre que les decía exactamente como salvar el trasero. Los enemigos llegaban y los compañeros caían. El oficial se mantenía en la brecha, dando órdenes, como si eso fuese a suponer un cambio. Y a veces lo era. Si un oficial, no eran más que un puñado de locos a los que les gustaba darle al gatillo.
Benley tomó la palabra y el mando. Había estado al borde del desfiladero. Eligió no caer. Le pareció escuchar algo sobre un pato. Ilógico, irracional, una locura. Algo normal en una reunión de marines. Dio órdenes. Rivers y Sandro irían a buscar al sargento. Así de simple. Dillon tuvo la vaga sospecha de que el cabo de estaba quitando de en medio a dos de sus soldados más problemáticos. Después de todo Sandro flirteaba y tenía una lengua mordaz mientras que a Rivers...era mejor ordenarle lo que él quería sino querías que te reventase la cara. ¿Se había desecho Benley de ellos? Pensó que no. Era su oficial. ¿Cómo no confiar? Hace unos momentos parecía al borde del llanto. Sandro intervino. No sé que del trasero de Anette.

-No eres el único que se alegrará de perder una fea cara de vista.-Comentó, aunque su rostro estaba tan lejos de la alegría como un potro de torturas.
Sus siguientes movimientos. Luchar de parte de Yamec o buscar su lugar en aquel mundo. Ni siquiera sabían si su estancia en esa línea sería algo fijo. Aún podían saltar. O quizás, no saltarían más. Debían construir su futuro en la base de la inseguridad, igual que una casa sobre el paso de una autopista. Podía ocurrir cualquier cosa. Eran marines. Siempre hacían lo justo, lo más duro. Esa droga no debía existir. El nuevo mundo estaba podrido. Alguien debía quemarlo y hacer una barbacoa con esos conspiradores de la Weyland. Olvidó eso, Benley había pasado con ligereza sobre un asunto al que él le confería más importancia.

-La chica, la civil que rescatamos de la nave. Tendrá que elegir. Nuestras órdenes eran protegerla. Si ella no quiere quedarse aquí tendrá que venir con nosotros. No voy a dejarla en un sitio donde se sienta insegura.-Ni siquiera recordaba su nombre. Para ella, una mujer normal con una vida normal, ser asediada por locos para toparse luego con hormigas, nocturnos y saltos en el tiempo debía ser un shock enorme. Luego iría a verla para asegurarse de su estado y de lo que quería hacer. También la explicaría la situación como mejor pudiese.

Benley dejó en suspenso la decisión final. ¿Qué quería? ¿Ver el apoyo de los suyos ante el líder religioso? ¿Qué opinaba él? Sandro había dicho que estaría bien matar a toda aquella gente. Anette le había apoyado. Era idea de Simo. Estaba bien. Matar gente porque ellos eran los lobos. Una idea fantástica.
-Solo eres un perro sediento de sangre, Sandro. Un perro rabioso. Por eso te uniste a Linch cuando se rebeló.-Se alegraría de perderle de vista. Pasó por delante de Rivers.-Ten cuidado Rivers, esta vez no estaré ahí para remendar lo que quede de tu trasero.-Y Finalmente topó con Anette.-¿Así que matarles a todos te parece bien?-Asintió.-Fantástico, Anette.-Pensó en decir algo más. Se cortó, decidió salir de la sala y perderse en aquel refugio. Topó con uno de los luchadores por la libertad.-Un gimnasio. ¿Dónde?-Estaba de mal humor y aún no sabía exactamente porque. Buscaba algo a lo que golpear. Un saco de boxeo, un pedazo de carne helada colgando de un gancho, la cara de Sandro. Algo que destrozar a puñetazos.

Y lo golpearía. Se aislaría de todos para dar rienda suelta a su rabia. Porque tenían un oficial que lloriqueaba al que un líder religioso parecía haberle sorbido el seso. Golpearía porque la mitad de sus compañeros eran todos unos sádicos dementes en busca de sangre. Y la otra mitad estaban muertos. No había podido salvarles. No era culpa suya. El hecho claro es que no estaban allí. Ya había visto demasiadas muertes. Algunos de sus compañeros buscaban más. Sandro, aún seguía infectado por el virus que le había vuelto loco. O quizás había sido así siempre. ¿Y que diablos le pasaba a Anette? ¿Y a Simo? Lo de Rivers lo entendía, siempre hacia lo que le salía de las pelotas. Golpeó hasta que sus manos le dolieron, y entonces golpeó un poco más. Se cansó, jadeó. Las dudas y la rabia desaparecieron. Su cerebro era como un viejo motor, tenía que dar escape a sus gases más calientes o explotaría en el momento menos oportuno. Así se mantenía frío.

Se dio una ducha, se aseó, y fue a la ver a la civil. La preguntaría que quería hacer y la aseguraría que cuidarían de ella hasta que se encontrase en un sitio al que pudiese llamar hogar. Esas eran sus órdenes. Luego revisaría sus armas y las mantendría a mano, también su armadura, la cual limpiaría. Puede que no fuese la mejor protección en esos tiempos modernos pero era la única que tenía.

Salió a despedir a Sandro y a Rivers, si es que eso se podía llamar despedida. Balsani se ofreció a ir con ellos. Era una locura. Aunque era lo más sensato que le había visto hacer a Balsani. No se fueron, apareció Nela. Una nave llegaba. Problemas. Les habían encontrado. Droides u hombres de la corporación Weyland.

-Que viene el lobo...-Logró decir. Algo en las palabras de Nela no encajaba.- ¿Qué lo presiente?-Por lo visto aquel hombre tenía duendes o dragones espaciales que le decían que los que iban en esa nave no eran los suyos. Hizo acto de presencia. No se dejó impresionar. De todos los allí presentes él era uno de los pocos hombres de ciencia. Si se ponían ahora a respetar esas ideas locas sobre brujerías o premoniciones ya podía tirar su ordenador de mano y el botiquín, curaría a la gente dando saltitos a su alrededor y una varita mágica. Por supuesto Yamec aseguraba que su llegada era obra del destino, de una fuerza superior. Dillon era bastante espiritual pero toda aquella palabrería se parecía más a la farándula y al engaño que a una verdadera fe. Lo miró desde abajo y le respondió aunque nadie le había preguntado. Tenía en mente las palabras de Benley. "La mano de Dios les había traído hasta él".
-Si yo fuese el líder de un reducido grupo de guerreros, inocentes, y de fe, que se enfrenta a una mega corporación que parece invencible, también tendría a bien considerar cada golpe de buena suerte una intervención del destino o del mismo Dios. Pero no vi a Dios mientras mi compañía se arrastraba deshidratada y hambrienta por el desierto. Tampoco lo vi en los rostros de mis compañeros muertos. Y desde luego, tampoco lo veo he visto aquí. Si tan seguro está que esa nave está llena de enemigos, vuélela antes de que aterrice.-Pero diría que no podían, que no tenían armamento, hombres, etc., cuando en verdad solo quería esconder la duda. Yamec no podía saber si esa era una nave rival. Habían facilitado los códigos, podían haber sido robados, si, pero también podían no serlo. Yamec no estaba seguro. Y toda la lógica del mundo dependía de que Yamec no lo estuviese. No podía empezar a creer en la magia tan pronto.

Se colocó frente a Benley y se cuadró para esperar órdenes.

-¿Señor?




Jake Rivers


-Al fin reaccionas maldito- piensa al escuchar las palabras de Benley. Prefiere ignorar que se haya llamado a si mismo “Pato Cabrón”. Lo importante es que esté empezando a dar órdenes, en uno u otro sentido. Le gustaría no haber tenido que pasar por esto, ahora la imagen de Benley como líder está un poco comprometida, muchos podrían no tomarle en serio. Él desde luego no lo tiene precisamente por un gran oficial, no después de lo visto, pero piensa que deben concederle el beneficio de la duda. Por una vez va a intentar portarse bien, ya verán como salen las cosas después.

Recibe órdenes, casi las echaba de menos. La parte mala es llevar a Sandro como compañero, preferiría cualquier otro, incluso ir solo. Conoce bien la capacidad de combate de ese bastardo, probablemente es el único igual de sanguinario que él mismo. También era uno de los traidores, el único superviviente. Eso significa que no solo estuvo dispuesto a abandonar la unidad Sigma, además abandonó a los traidores cuando le fue necesario. Son malas noticias, alguien debería estar custodiándole en lugar de usarle como compañero. Esta orden se la discutiría incluso al coronel, y ese era un oficial al que sí respetaba profundamente. No obstante dijo que sabría acatar las órdenes recibidas. A todas luces esto le parece un castigo, tal vez Benley confíe en que ambos se maten el uno al otro para así quitarse de en medio dos miembros molestos de la unidad. Puede llegar a comprenderlo, y comprenderlo no libraría a Benley de un par de gritos… en cualquier otro momento. Ahora mismo sus compañeros podrían no aguantar más caos. Ya se insubordinará cuando el liderazgo esté un poco más afianzado, si es que sobrevive tanto, hasta entonces toca resignarse.


Carlo decide unirse a la misión de rescate. En parte lo agradece, pero si él está dispuesto a tragar por el bien de todos, Carlo también debería hacerlo. –Nuestro contrato dice cuantos años de servicio debemos prestar, Carlo. Puedes considerar que caducó hace años o que aún no lo has cumplido, es decisión tuya- aunque eso último está bastante claro – Pero si llegamos a por el sargento, entonces no habrán transcurrido los cincuenta años y seguirás siendo legalmente un marine - Suelta una carcajada sin previo aviso. De pronto la situación le ha hecho gracia. Si viajan en el tiempo al futuro no son marines, pero si vuelven al pasado siguen siéndolo. Todo esto no tiene ningún sentido para él. Por eso ríe, no conoce ningún otro modo de tratar el asunto, su mente es incapaz de procesarlo. –Haz lo que quieras, pero pídele permiso a Benley, no creo que te lo niegue, y yo no me voy a quejar por llevar un tirador más- espera que le dejen llevar armas a él también, no se lo había planteado, pero probablemente las necesitará.

Escucha la advertencia de Dillon, curiosa forma de despedirse. –Tranquilo, volveremos para que puedas cosernos una vez más, nadie quiere que te expulsen del club de costura-. El médico parece el único, a parte de Rivers, que sigue siendo él mismo. Hace unos momentos ha escuchado sugerir que secuestren una nave civil. ¿Por qué motivo? La libertad y la rebeldía están bien, pero actuar solo porque pueden hacerlo es un desprestigio para sus habilidades. Espera que reaccionen antes o después

Está preparado para avanzar, siempre cuidadoso porque no se fía ni de Sandro ni del “guerrero de fe”. – ¿Por qué no se harán llamar guerreros de Dios? Entonces llegan las noticias. Le parece extraña la historia. Una nave da los códigos de acceso correctos pero la consideran enemiga porque… ¿Dios se lo ha dicho a Yamec? Supone que debe ser así, o al menos ellos deben creerlo.
Ya estaba decidido a partir, pero esto puede cambiar las cosas. Mira a Benley – ¿Nos necesitarás por aquí?- la unidad ya está bastante reducida. Si el cabo decidiese hacerles combatir sería imprudente no contar con todos los efectivos. Después de todo pretende ir a rescatar al sargento, pero aquí hay más vidas que pueden estar en juego, quiere creer que siguen siendo un equipo.



Helen McFersson


Benley había decidido recapacitar, y había respondido a Helen usando la misma alegoría que ella había usado con los patos de Texas. Con cierta resignación, iba a ser el líder de la "bandada" aunque la unidad Sigma 5 estaba más cerca de ser una banda que una bandada. La lógica de su actuación causo cierto orden en los cálculos de comportamiento que ella tenía, era lo que sus compañeros denominarían alegría. Envió a Rivers y Sandro a buscar al sargento. No eran los más apropiados, pero tampoco los menos indicados para dicha tarea. Por un microsegundo considero el indicarle los nombres adecuados, pero un segundo pensamiento le dijo que no solo no serviría de nada, sino que además la pondría a ella en peor situación.


La marcha se ve interrumpida, no solo por el nuevo chico por parte de Yamec, sino por la entrada de una nave. La gente esta inquieta debido a que aunque ha facilitado los códigos adecuadamente, su líder dice que no es de los suyos. Ghost se pregunta a que esperan para convertirla en una bola de fuego. De seguro Rivers con un SADAR haría los honores gustoso de derribarla. Ghost presiente que la llegada de la nave es, en cierto modo, una prueba para la fe de esa gente respecto a su líder o su dios. ¿O por el contrario es una prueba de lealtades para los restos de la unidad Sigma 5? De ser así, lo lógico seria devolverles el favor ayudándolos.

- Creo cabo, que si queremos ganarnos ese billete de salida de este pedrusco tendremos que trabajar para esta gente. Es nuestro jodido trabajo a fin de cuentas, así que deberíamos ponernos manos al asunto antes de que la nave aterrice. Así que dígame rapidito donde coloco a mi "amiga". Supongo que ellos no saben que sabemos que han pirateado los códigos de acceso. ¿Dónde se supone tenemos que darles la bienvenida?

jueves, 19 de abril de 2012

Hay muchos traseros que patear 32


Las dudas, inquietudes y posibilidades varias se daban entre todos los componentes que quedaban en la unidad. Su situación actual, los saltos en el tiempo, el por qué y el cómo, no todos coincidían, nadie tenía nada claro, cualquiera de los razonamientos podía ser cierto o equivocado, tal vez alguna de las conjeturas resultaba acertada. En lo que sí coincidían todos era en buscar al sargento Kaplizki. Pero una vez comentada la idea con el resto del grupo Viviana fue la única voz disonante. Creía que el sargento merecía tal acción, por supuesto, sin embargo la idea de que se separasen, de que los que marchasen cambiaran su línea temporal, la echaba par atrás, y el sargento no hubiese querido tal cosa. En realidad, explicó, se sintió aterrada cuando quedó sola aquellos tres últimos días, aunque no diera esa impresión, pensando que no volvería a ver a sus compañeros nunca más.

La recién madre le respondió a Dillon que llamaría al bebé como él y su unidad, Dillon Sigma, estaba segura que le traería fortaleza e intensidad a su vida. Berman no quiso darle excesiva información al médico: se trataba de una nueva droga, tan letal como adictiva desde la primera toma, en manos de las corporaciones, y lo que ella llevaba en sus venas era un sobredosis administrada por el enemigo en la última incursión. Iba a morir y todos lo sabían. Parecía que sentía algo especial por ella, no quiso decir nada más, aparte de que no eran traficantes, mirando ofendido y desafiante a Dillon, eran guerreros de la Fe, defensores de la libertad, el martillo de dios que destrozaría a los abominables diablos que oprimían a la gente. En cuanto el acceso al laboratorio era cosa de Yamec.

Nela fue quien contestó a Rivers y a Simo, en un tono semejante al anterior: descubrimientos de nuevos planetas, deterioro del poder de los gobiernos a favor de las megas corporaciones, guerras y mutilación de libertades, lo mismo que en los doscientos años anteriores, según los libros de historia. Rivers no obtuvo tampoco demasiada información para saciar su curiosidad; no le dejaron ver las armas, aparte de lo que él veía directamente, pero sí de la armadura, mucho mejor que las de ellos, más liviana y resistente. El veneno tenía varios usos depende de cómo se combinara con otra sustancias. Silencio acerca del resto de preguntas, pero Nela, la interlocutora particular de los dos, se explayó en lo referente a sus creencias. Creían en Jesús, en el Nuevo Testamento, pareciéndoles excesivamente radical el Antiguo. Procuraban seguir al pie de la letra las palabras del Mesías, su bondad y Amor al prójimo, eliminado todo aquello rancio que habían añadido después profetas falsos. Mataban sí, una sombra oscureció su mirada, pero consideraban que el diablo era quien dirigía las acciones de sus rivales y ellos los expulsaban de sus cuerpos y del mundo. No estaban locos, eran creyentes, firmes, laboriosos, amaban a sus amigos y enemigos pero ello no impedía que actuasen con determinación cuando resultaba necesario. Habían tendido muchas veces la mano a quienes les odiaban y el resultado casi siempre fue negativo. El mundo estaba corrompido por la mano de los demonios. A los dos marines les pareció que era una mujer de carácter, decidida, capaz de afrontar cualquier reto. Le entregó el rifle de francotirador intacto a su propietario.

Sobre Yamec, todos obtuvieron más o menos la misma descripción, era su líder, su luz en la oscuridad, su guía. Un hombre de mucho peso en su comunidad, que no se restringía solo a su grupito. Era un Místico, aunque no aclararon más.


Hora y media después Benley salió de la reunión con Yamec. Su expresión era seria, cosa que no resultaba extraña en él, con cierta perplejidad en las arrugas de sus ojos. Todos sus hombres le asaltaron en un corro de inmediato, preguntando e inquiriendo respuestas con los ojos y con la boca, hablando del sargento y pidiendo permiso para ir a buscarlo; algunos sin intención de esperar a ese permiso. Benley los apartó y llevó a su sala. Encendió un cigarrillo y les ofreció un paquete completo a los demás. Aspiró el humo, y comenzó sus explicaciones de forma sosegada, intentando hilvanar correctamente el hilo de sus pensamientos.

- Son componentes de una unidad mayor perteneciente a lo que ellos llaman “Guerreros de la Fe y Libertad”; nada original. Luchan contra las corporaciones en particular la Weyland, si ya era poderosa en nuestros días, ahora es dueña de la mitad de los mundos descubiertos. Hace veinte años comenzó en este sector una guerra por la independencia. Dos planetas se enfrentaron a las fuerzas de la Weyland y otras compañías. Los gobiernos centrales de la Tierra no intervinieron, hacía años que esta zona era jurisdicción exclusiva de las macroempresas. La Weyland aplastó ese intento de sedición, pero le costó años e interminables esfuerzos. El Borde está infectado de piratas, criminales, caza recompensas e infinidad de gentuza malviviendo de sus negocios. No hay seguridad alguna. La Weyland está usando sintéticos de combate, colaboraron conmigo y Anette en alguna misión (el resto de vosotros nunca ha trabajado con ellos), auténticas máquinas de guerra. Ahora parece que son poco menos que invencibles. Y tremendamente caros.


Tomó un respiro.


- La lucha continúa en uno de los planetas, casi sofocado el movimiento rebelde. Uno de los grupos grandes de estos es La Fuerza de los Diez, por las diez ciudades originales que se levantaron en armas. Colaboran con estos guerreros de la Fe, aunque no como debieran para llevar adelante sus planes. Yamec es el líder, un hombre de mucho peso político, se llama a sí mismo Místico. No me ha dejado claro qué significa esto, tengo la impresión que es una clase de gente con ciertos poderes. Cuando me miraba creía que me encontraba desnudo ante él, mi alma, mi espíritu, quiero decir. Ya me entendéis. Vendrá pronto una nave, van a abandonar este lugar, después del último enfrentamiento temen que su refugio haya sido descubierto. Este planeta lo encontraron de casualidad, no saben apenas nada de él, las hormigas, los nocturnos, localizaron las instalaciones mineras abandonadas. Supongo que deben de tener varios sitios así repartidos por todo este sector.

Tomó asiento en el borde de una de las camas. Su rostro adquirió una expresión de confusión.


- Existe la posibilidad de salir de aquí. ¿Pero qué mundo es el nuestro, cual el destino de nuestras vidas? Tengo que contaros más cosas. Sobre esta guerra, o esa droga que segará la vida de la joven. La situación me sobrepasa. Creí que moriría siendo marine o llegaría con mucha fortuna a retirarme. En teoría ya no lo soy, ninguno de nosotros. Nuestros contratos han terminado hace mucho. ¿Debemos comportarnos y actuar como una unidad del ejército? ¿O cada uno ya por libre que elija el destino que quiera? Soy soldado, marine, para mí esto es indiscutible, a pesar de que nos encontremos fuera de nuestro tiempo. Porque esto no es un engaño, no es una mentira retorcida de esta gente, es la verdad. No me siento con fuerzas para sobrellevar el peso de esta unidad, para decidir por vosotros. Considero que no deberíamos separarnos, juntos, a pesar de nuestras diferencias, podamos superar las dificultades.

-Yo soy marine, Benley. Estoy contigo, acataré tus órdenes. No imagino otra forma de vida –le apoyó Anette-.


- Te lo agradezco. Pero…no soy la balsa en la que podéis refugiaros. No soy líder ni tengo cualidades de jefe para algo así.





Dillon Frost


-Saltamos, al menos, dos veces más.-Le explicó a Helen.-Cuando nos separamos de vosotros recibimos una transmisión. Una colonia minera esperaba a los marines, necesitaban ayuda. Cuando llegamos a la colonia, este mismo lugar, el sitio estaba abandonado. La transmisión vino del pasado, o nosotros avanzamos en el tiempo según nos acercábamos aquí. Aunque más claro está el caso de Viviana y la civil. Nos separamos de ellas dos. Al rato, notamos movimiento en los sensores. Viviana pidió ayuda. Corrimos en su ayuda. Los sensores estaban plagados de puntos brillantes...y al momento, nada. Ni rastro de movimiento, de Viviana ni de la de la civil. Pasaron cinco minutos, diez, encontramos a Viviana. Para ella y la civil habían pasado tres días. Para nosotros no.-Chasqueó los dedos.-En un instante. Ella no saltó, nosotros si. Y podría pasarnos a cualquiera en cualquier momento.-Ahora que ya tenían todos los datos, podían hacer teorías. Desgraciadamente las teorías no servían para nada si no se podían poner en práctica.

También habló con Carlo.

-No creo que cabrear a esta gente sea una buena opción. Hay mejores maneras de conseguir las cosas, desde mendigar hasta negociar.-Al menos esa era su opinión.

Se sintió halagado cuando Nela dijo que iba a llamar al niño como él y su unidad. Pensó en el pasado, en la mujer que una vez había amado. Le hubiera gustado tener un hijo, una esposa, una vida normal, sin saltos en el tiempo ni monstruos de dientes punzantes. Le hubiera gustado llevar una vida de paz. No había podido ser así. La mujer que amaba había muerto hace tiempo. No había podido salvarla. Al niño si, y a la madre. "Una vida por otra", pensó, ensimismado.

-Espero que tenga más suerte que nosotros...

Escuchó a Berman. Habían matado a la mujer. La guerra del futuro tenía que ver con drogas de diseño. Que mundo tan extraño. Se quedó algo anonadado al escuchar como se autoproclamaba ese hombre. El martillo de Dios. Buen nombre. Por fuera, estaba rígido, por dentro, algo le preocupaba. Los devotos tan fervientes solo podían causar problemas.

-Haré lo que pueda por ella pero en mi tiempo esta droga ni siquiera existía y debo de haberme perdido unos cuantos adelantos médicos.-Estudiaría el caso dentro de sus limitaciones.

Escuchó como muchos llamaban a Yamec, místico. Entonces, era su billete de salida. Un Místico era alguien que sabía algo que los demás desconocían. Alguien que podía hablar con Dios o que poseía ciertos poderes. Como los alquimistas de la antigüedad, o los hechiceros, solo eran científicos más avanzados que los demás, celosos de sus secretos. Si uno descubría la pólvora en la edad de las cavernas, sería tratado por brujo o incluso, por un dios. Yamec se perfiló ante sus ojos como la respuesta que necesitaban.

Salió Benley, serio, encendió un cigarrillo. No fumó. Escuchó su historia. El futuro era similar a su presente, solo que las cosas con las que amenazaba ya habían llegado. Las mega corporaciones eran dueños de varios mundos y ostentaba poderes iguales a los de planetas. Les habló de la degeneración y de las máquinas. Sus anfitriones eran partidarios de los rebeldes. Luchaban por la libertad. Los marines ya no existían. Todo se había ido a la mierda y un puñado de lameculos eran los señores del espacio. No quedaba honor en la lucha, solo máquinas haciendo el trabajo sucio.

Yamec tenía ciertos poderes. Había visto a través de Benley. ¿Lo había convencido? ¿Qué vería en él? ¿Era capaz de ver algo que ni ellos veían dentro de si mismos? un místico. Alguien con poderes. ¿Divinos? En tiempos peligrosos y sin esperanza la gente siempre volvía a la religión. Porque querían pensar que había algo bueno en la esencia de la vida y que Dios les apreciaba a todos. Sobretodo querían creer en una vida después de la muerte...porque había mucha muerte.

Benley se sinceró con ellos. No sabía que hacer. Tampoco tenía madera de líder, según él. En este tiempo ya no eran marines. Aunque desde su punto de vista ser marine era algo más que cobrar la nómina al mes. Un maldito papel, un contrato, no le decía lo que era o dejaba de ser. ¿Qué pretendía? ¿Un consenso? ¿Democracia? En toda la historia militar no se había visto algo así. Estaba desanimado. ¿Yamec se lo había dicho? ¿Qué más le había dicho? ¿Que era mejor luchar al lado de los fanáticos? ¿Y que más? No se movió de su asiento, solo parpadeó. Sin jerarquía el ejército no era más que un puñado de locos armados que no se pondría de acuerdo. Benley no era su balsa. Pues tendría que serlo, joder.

-Un poco de compostura, señor. Sigue al mando, y seguirá así hasta que aparezca un oficial superior que lo releve de él. Si está al mando es porque no hay nadie mejor aquí para llevar a cabo ese cometido. ¡Joder señor! Perdón, señor. Por mi parte, seré marine hasta que me maten. Sé de donde vengo y lo que soy. Que ahora no existan hombres ni mujeres de nuestra catadura no quiere decir que no existamos. Nací hombre, moriré marine, y le seguiré hasta donde quiera llevarnos... aunque vayamos a postrarnos ante el mismísimo trono de Satanás.-Muy religioso. Apropiado. Ese Yamec sabía hablar muy bien, sí.


Helen


Helen casi forma una o con su boca abierta cuando escucha un par de anécdotas experimentadas por el resto de los marines cuando Rivers, Simo, Joe y ella estaban dentro de La Independencia sobre saltos temporales. Dichas anécdotas tiraban por tierra la aseveración que ella había hecho instantes antes. Era tan ilógico, tan impredecible que no seguía ninguna pauta y eso la había dejado totalmente bloqueada.

Siguieron hablando sobre rescatar a Kaplitski, todos parecían de acuerdo menos Viviana. La entendía, la entendía perfectamente. Helen tampoco veía muchas posibilidades de encontrar al sargento, pero separados estaba claro que tenian menos posibilidades de sobrevivir y muchas mas de perderse tanto por aquellos lugares, como a través del caprichoso tiempo.

- Creo que no tenemos muchas elecciones Viviana - le dijo intentando expresar tristeza - Un grupo se ira, y los que se queden aquí también se irán, pero con estos soldados de la fe. Y ya sabes lo caprichoso que es con nosotros el tiempo. No sabría decir cual de nosotros es el gafado, pero bueno... es lo que hay.

El bebe traído al mundo por Dillon parecía romper la monotonía de aquel lugar, eso y la unidad Sigma. A Ghost le daba la impresión de que aquella gente no eran ni guerreros, ni luchadores, solo simples rebeldes. Rebeldes como los ha habido a lo largo de la historia, en aquella ocasión esa gente quería oponerse a una mega corporación. Apenas se entero intento contener la risa. ¿Cuantos serian en total juntándolos a todos? ¿Uno o dos centenares de miles? Ghost pensaba que tenían todas las de perder y dudaba que la mega corporación se preocupase de unos parásitos semejantes por mucho daño que quisieran hacer. "si no puedes con tu enemigo, únete a el... eso es lo que deberían hacer" pensó, pero no dijo nada porque sabia de sobra esas ideas no serian en absoluto bien recibidas.

Por fin se entero de lo que quería decir Yamec con respecto a lo mal que sentarían los sintéticos. Ahora lo entendía, y sintió un escalofrío que la cubrió con un halo de culpabilidad y al mismo tiempo de lastima por aquellos que habían conocido a los sintéticos de combate. Cuando los nombraron, Helen no pudo reprimir el mirar directamente a Simo ya que aun seguía convencida de que era un sintético.


El asunto de aquella droga no le interesaba. Saber que seguían experimentando con ella le hacia sentir que había algo malvado en ello, aun a pesar de que era consciente de que era necesario para encontrar a su vez un antídoto. La sorpresa vino mas tarde cuando Benley se negaba a ser el líder del grupo. Helen se echo a reír. ¿Como podía negarse? Le parecía tan evidente que tenia que ser el líder quisiera o no. Tampoco se le podría obligar, así que se limito a animarlo como hacían los demás.

- Señor, con mis respetos... entiendo no desee tener la responsabilidad del cargo, pero hasta que no rescatemos a Kaplitski me parece no tiene opción. Me recuerda a las bandadas de patos al norte de Texas, un pato dirige la bandada. Lo matan y otro ocupa su lugar, aunque no quiera... aunque no le guste, todos le seguirán. Creo que le ha tocado el pato.

Ghost rebusco en un bolsillo trasero y encontró su salvación, una pastilla de chicle la cual destapo y la exhibió como si fuera un trofeo para luego dejarla caer dentro de la boca. Le hacia falta.



Anexo



Anette miró con expresión irritada a Helen:

- Muy apropiado. ¿Quién puso eso en tu base de datos, un programador de tercera alcohólico con pésimo sentido del humor?


Benley movió una mano en un gesto que quería decir a Anette que dejara en paz a Helen.

- ¿Nadie mejor, Dillon? Que tenga galones no significa que sea más listo o diligente que tú, o cualquiera de vosotros. Tal vez Sandro lo haría con más acierto. No quiero ser el pato, Helen. No quiero cagarla con mis decisiones y que mueran más compañeros. No puedo decidir por todos. ¿Acaso me obedeceréis? Fíjate…queréis ir a por el sargento. Yo no. Entendedme, fue su decisión, creo que no le gustaría que nadie perdiese la vida por encontrarle. No es que quiera dejarle tirado, es que no deseo que nadie más muera. No habrá esperado eternamente, seguro que se puso en camino al cabo de un par de días, tres a lo sumo. Debería estar ya aquí o a punto de llegar.

- No podemos dejar al sargento, Benley – Anette no daba crédito a sus oídos -. Somos una familia, somos una unidad. No…no podemos.

- A esto me refiero, Anette. ¿Crees que no es duro decidir tal cosa? ¿Que no le he dado vueltas al asunto? Tengo la cabeza llena de conjeturas, todavía estoy asimilando lo que me ha explicado ese Yamec. Calculando las probabilidades de salvaros a todos. ¿Vais a discutir cada maldita decisión que tome?

Anette: - Saldremos de esta, Benley. Unidos, todos te apoyamos. Eres un tipo sensato, inteligente. Tú tienes galones, yo no. Por algo será.



Jake Rivers


Finalmente todos deciden tomar parte en la conversación con Dillon y él mismo. Se alegra, no comprende porque han tardado tanto en hacerlo. Están de acuerdo en algo, todos, deben ir a por el sargento, aunque muchos lo consideren un suicidio. Solo queda la decisión de Benley.
Este hace acto de presencia para escuchar las conjeturas de los demás, sus planes, pero ante todo para contarles cuanto le han contado a él.

-El mundo ya era un asco antes, ¿pero tanto nos hemos podrido?- Guerras para invadir otros planetas, para extenderse. Las corporaciones ya no son empresas, son reinos que sus accionistas controlan a placer. Si necesitan un nuevo planeta van a por él y arrasan a quienes hubiesen llegado antes. Nunca ha considerado a los marines o a la unidad Sigma como unos justicieros, probablemente han matado a mucha gente que no lo merecía, pero esto ya le parece ridículo. Además menciona a sintéticos de combate, dice que jamás han visto nada parecido, -¿entonces no son como Ghost?-, mira a su compañera para preguntar, tan sutil como es siempre. – ¿Qué puedes contarnos de tus primos?, aunque ahora hayan avanzado, algo sabrás sobre ellos.-.

No sabe que pensar sobre este mundo. Él es un marine, ha sido un marine desde el primer día y morirá siendo un marine, pero ahora el cuerpo debe ser una broma. Atacan a pobres diablos como estos. No duda de sus capacidades defensivas, pero los rebeldes de antes también trataban de luchar y siempre los aplastaban, es solo cuestión de tiempo. ¿Entonces ahora dedican a los mejores soldados que la historia ha conocido a destruir grupos como este? Además usan drogas para matarlos, parece que ya no son dignos de un cargador o dos. Si lo piensa bien, simplemente es la misma mierda unos cuantos años más avanzada. Sí, tal vez algo sea verdad, ya no son marines coloniales al servicio del alto mando, pero siguen siendo una unidad, siguen siendo lo más puro que pueda representar la palabra marines, y todos saben cómo deberían comportarse.

-Con el debido respeto, señor, es raro que Rivers empiece hablando así. Cree que decir “con el debido respeto” es solo una excusa precisamente para faltar al respeto, por eso le va bien esta vez. –Todos hemos viajado en el tiempo y la mayoría no hemos perdido los cojones al hacerlo, me duele ver que usted sí- No le importa si se enfada, nunca se llevaron demasiado bien. –Si, estamos en un tiempo distinto al nuestro, la situación nos supera y no la entenderemos aunque nos la expliquen. Existen mierdas peores que en nuestra época, y nuestros contratos expiraron hace más de cuarenta años. Pero seguimos siendo marines, seguimos siendo una puta unidad. Si no le gusta ser el macho alfa, el líder, debía haberlo pensado antes de aceptar el ascenso a cabo, porque de eso trata la jerarquía militar, cuando cae la cabeza toma el mando el siguiente.- Le parece mentira tener que ser precisamente él quien le recuerde eso a alguien. –Desde luego el Sargento jamás aceptaría que alguien vaya a buscarle. Si lo hacemos, nos pondrá a todos en fila para patearnos el culo de uno en uno. Pero si fuese otro quien quedó atrás y el Sargento estuviese aquí ¿De verdad no mandaría a nadie a buscarle?, claro que lo haría, ya lo hizo en el independencia. Creo que esa es nuestra postura, y ese es el motivo por el que yo voy a ir aunque te disguste- ya le ha llamado de usted demasiado, y le cuesta hacerlo, por eso vuelve a tutearle –Estás al mando, aunque eso también te disguste, y tú no haces peticiones o sugerencias, tú das órdenes. Si no quieres que nadie emprenda la misión de rescate, lo ordenas, y si no te hacemos caso es un puto motín, así que nos das dos hostias y nos recuerdas quien manda aquí, pero este no es ni el lugar ni el momento para ponernos a dudar de quien lleva los galones.- Por su parte va a hacer exactamente lo que ha dicho, ni más ni menos, ir a por el sargento a menos que alguien se lo impida. No tiene ni tiempo ni ganas para jugar a los marines despechados con crisis de liderazgo.



Anexo


Rivers no se mordió la lengua, habló con sinceridad, demasiada tal vez. Sandro, apoyado en la pared, sonreía malicioso, toda aquella situación parecía divertirle. Rivers “exigía” órdenes de Benley y a la vez ya estaba dispuesto a desobedecerlas; Viviana le recriminó su actitud:

- Y qué debe hacer ahora nuestro cabo, ¿darte dos hostias? Porque has dejado bien claro que vas a ir en busca de Kaplizki. ¿O te mantenemos bajo arresto? Empiezo a pensar que lo mejor es que te largues.

Benley miró a Rivers, se sentía ofendido, pero también le hizo reaccionar.

- Doy órdenes, ¿no es eso? La mayoría queréis que siga al mando. De acuerdo.

Se puso en pie, frente a Rivers, sus ojos a la misma altura:

- Nadie va a ir a buscar a Kaplizki. ¿Aceptarás mi decisión, Rivers? ¿Los demás? Seguro que no. Entonces es un motín, un puto motín como lo has descrito. Iros a la mierda.

Viviana le puso la mano en el brazo.

-Vamos, Benley. Calma. No podemos permitirnos más disputas entre nosotros.

- Estoy muy calmado. Pero no os entiendo. Queréis alguien al mando, y a la vez hacer lo que os de la gana. Es decir, queréis oír lo que os gusta. Si no es así, os molestáis. ¿Queréis votar, acaso? En el ejército no se vota.


 


Helen


Helen escucho la negativa de Benley y a sus compañeros. Nada parecía animar al cabo, mas bien parecía obtener el efecto contrario.

– ¿Qué puedes contarnos de tus primos?, aunque ahora hayan avanzado, algo sabrás sobre ellos.- le pregunto Rivers. Ghost miro al suelo, guardando silencio dando lugar a que Benley diera su negativa a todos los presentes y dejara clara su posición ordenando lo contrario pensaba una mayoría. Miro entonces a Anette y luego a Simo y respondió mientras miraba a este último, la pregunta de Rivers.

- Los sintéticos de combate se tratan de bastardos de dos metros con veinte centímetros de altura y tres toneladas con armas hasta en las pestañas. Los crearon para frenar diferentes tipos amenazas, como la xenoforma, pero su alto coste ha echo que se construyeran pocos. La directriz de estos chicos malos suele ser simple; el fin justifica los medios. O sea, cumplen su misión sea como sea, sin tener en cuenta ninguna otra consideración. Un símil en la sociedad humana seria algo así como dar la libertad a un psicópata con un rifle a cambio de que trabaje para una corporación.

Cambio su mirada a Benley, su respuesta le había desconcertado, aunque resultaba previsible en cierto modo.

- Como usted ordene señor. Si esas son sus órdenes, yo no tengo más remedio que obedecerlas dado que es el superior de mayor rango presente.
En su tono había un tono que dejaba claro cumpliría la orden aunque no estuviera de acuerdo, y fuera la única que se quedara allí tirada.



Simo Kolkka


Se mantuvo en silencio mientras el cabo Benley hablaba. Y después mientras sus compañeros replicaban. En otro momento habría apreciado lo gracioso de la conversación sobre patos tejanos, pero estaba demasiado ocupado intentando asimilar toda aquella basura. Las paradojas temporales le daban jaquecas, lo había comprobado, y los fanáticos religiosos y la cadena de mando no eran buenos condimentos. Macrocorporaciones gobernándolo todo, mechas asesinos... Aquello estaba a medio paso entre la ciencia ficción dura y el cine noir. Benley además supuso que era el mejor momento para derrumbarse. Aquello no se hacía. El que estaba al mando no tenía esa opción. Cuando eso fallaba, la gente empezaba a morir. No podía pensar en todo aquello. No quería.

- Hagamos esto fácil. El cabo Benley no está capacitado en este momento para ser el oficial al mando de la unidad. Creo que no soy el único decepcionado, pero eso lo que hay. Tenemos que decidir que hacer. Unos cuantos tenemos claro que vamos a ir a buscar al sargento. El resto puede quedarse aquí, y convencer a los sectarios para que no se vayan hasta que volvamos. A no ser que alguien quiera quedarse a vivir en este bonito lugar. Si deciden no esperar, podemos confiscarles transportes, armas y suministros para buscarnos la vida. Una vez hecho eso, podemos derrocar a la Tyrell Corporation para devolver la paz a la República, o montar un puesto de helados en alguna estacional espacial. Porque somos marines, y si no tenemos ordenes, podemos hacer lo que nos de la gana, mientras tengamos munición. ¿Alguien ve mas salidas?



Helen McFersson.


Helen giro la cabeza al oír a Simo, al que respondió como si se hubiera olvidado la cartera en casa.

- Con mis respetos Sr. Kolkka creo que ha pasado algo por alto, y es que la unidad sigma está... "bendecida" por la antimateria - dijo con un tono cargado de sarcasmo - Acaba de oír al Sr. Frost, se separo del resto de la unidad tres minutos y para Viviana habían pasado tres días. Creo que es obvio que si nos separamos para una parte el tiempo correrá de modo diferente que para el otro. Y en el caso hipotético de que volvamos a encontrarnos pueden haber pasado para nosotros tres horas o tres años. Separarse no es una opción viable ni lógica dadas nuestras más que especiales circunstancias. Sugiero como opción alternativa, ya que el señor Benley se siente incapacitado para tomar el mando, que delegue su poder sobre otra persona de su gusto y así todos contentos o al menos una mayoría.


En el fondo Ghost sabia que fuera como fuese habría gente que decidiría quedarse. Desde luego era mucho más sensato y cómodo formar parte de los guerreros de la fe, que de la maldita unidad Sigma 5. Pero sus compañeros no se caracterizaban por ser gente lógica ni practica en todo momento.




Dillon Frost


Rivers decidió que lo mejor para solucionar la situación era soltar otra de sus bombas en un ambiente ya de por si cargado. Aquello no benefició a nadie. Benley se sintió dolido. No entendía a Rivers. Él tampoco. Tampoco a Benley. Ahora mismo él era el símbolo de los marines, su fetiche. Se venía abajo, sus ideales se quebraban, la moral de todos se venía abajo. Y hombres sin moral hacen cosas peligrosas. Simo ofreció soluciones. ¿Alguna que se pudiese seguir? Luchar contra una de la mega corporaciones. Ya estaba viendo los titulares "Puñados de marines con armas obsoletas derrocan multitudinario imperio industrial". Soñar era gratis. Helen, por su parte, propuso cesar del cargo a Benley. Que el propio cabo eligiese a un sustituto. Eso solo les haría más débiles. Y les separaría. Benley no iba a seguir con ellos. Algo se lo decía. Ese brujo le había dicho algo. Alguien tenía que estar de parte de él.
-¿Y quien iba a asumir el mando, Helen? ¿Tú? No te enfades, eres una máquina. ¿Rivers? Demasiado agresivo, actúa sin pensar en las consecuencias. ¿Simo? Demasiado frío. ¿Sandro? Es un perro rabioso. ¿Anette? A ella ni siquiera le gustas. ¿Balsani? Demasiado nervioso. ¿Viviana? Asustadiza. Respecto a mí, no estoy en mis cabales. Además, hablo demasiado.-Sonrió con cierta ironía.-Benley no es perfecto, pero es el mejor que tenemos. No por sus galones, sino por quien es.-Sus ojillos oscuros se deslizaron hasta Rivers.-A ver si puedes hacer el favor de esperar a que el cabo tome una decisión. Aún tiene algo que decir. Luego, ya puedes insubordinarte si quieres, marine. Pero piensa esto. Esto no es un patio de recreo, no podemos hacer lo que nos dé la gana. Si Benley toma una decisión es por que considera puntos que ni tú ni yo vemos. Quiero ir a por el sargento, pero seguimos siendo marines.-Esperó, rígido. Había acusado a Simo de ser frío pero en esos instantes él era un glaciar.



Jake Rivers


Esperaba que Benley reaccionase, pero no exactamente así. –Si, debe hacer eso mismo, Viviana. Justamente quería decir eso. He dicho que voy a ir a por el sargento y Benley ha dicho que no le parece la mejor opción. Como oficial de mayor graduación puede pedir nuestra opinión para oírla, incluso puede admitir que la demos sin que nadie la pida, pero si no le gusta mi actitud debe cortarla de raíz- No le parece tan difícil de comprender.

Vuelve a girarse hacia Benley. –Llevo mucho tiempo en el cuerpo, me he vuelto a alistar una vez tras otra. Nadie me ha ofrecido nunca un ascenso y hay un motivo para eso, yo no sería buen cabo. Soy demasiado indisciplinado. Con los demás ocurre lo mismo, uno a uno, todos tenemos alguna gran pega por la que no hemos ascendido- De hecho, incluso a él le sorprende la velocidad con la que Ghost ha propuesto que alguien tome el mando. –Unos estamos locos, otros son demasiado fríos, otros se odian entre sí. Se nos puede decir muchas cosas, la mayoría de ellas cierta, pero ¿Cuándo hemos dejado de cumplir una misión?, ¿Cuándo hemos desobedecido una orden? Si se me sugiere no ir a por el sargento, voy a ignorarlo y a seguir adelante. Si se me ordena no ir a por el sargento, tendré que cumplir la orden o alguno de tus subordinados, Benley, me obligará a hacerlo.-

También se gira hacia Dillon para responderle a él. –Sé que esto no es el patio del recreo, pero lo último que necesitamos es condescendencia entre nosotros. A mi no me importa el motivo por el que Benley tenga los galones, si es por su inteligencia, su experiencia, o porque carece de nuestros diversos defectos. Solo sé que está al mando. Admito que quería provocarle, y me alegra que los demás defendáis a nuestro líder, pero precisamente es lo contrario de lo que pretendía conseguir- vuelve a girarse hacia Benley. – Puedes contenerme por ti mismo sin ayuda de los demás, y puedes organizarnos, sabes que obedeceremos cualquier orden firme. No necesitamos alguien que nos diga lo que queremos oír o que ceda solo por librarse de nuestras quejas. Necesitamos a nuestro cabo, un cabrón que nos imponga su criterio-



Helen McFersson


Helen pensó que la unidad Sigma 5 eran menos miembros que cuando salieron hace tanto tiempo y Ghost le recordó no era tanto. A pesar de la merma del número del grupo, se hacia cada vez mas complicado como respuesta a que Helen conocía detalles de cada uno. Rivers tenía razón, lo mismo que Dillon, Benley y los demás a su manera. Las razones de cada uno eran impulsadas por sus emociones, valor, deber, miedo... pero todos debían obedecer a Benley, ya que era el mando superior al cargo. Calculo que algunos, como Joe o Rivers, podrían rebelarse y no ejecutar las ordenes. Estaba segura de que Benley era el hombre de más conocimientos del grupo, una ratón de biblioteca, como solía apodarse a este tipo de gente. Y si hubiera dicho que no tenían que rescatar al capitán, no habría echo preguntas. Simplemente habría obedecido y esperado que sus compañeros las hicieran, pues su naturaleza humana tiende a cuestionar lo que no entiende. Pero ahora, pensaba había algo más.

Benley había respondido muchas de las curiosidades del grupo. Y a Ghost le habían solucionado varias piezas del rompecabezas de aquel lugar. Pero, le daba la sensación de que había que dar la vuelta al rompecabezas para ver la verdadera imagen, las verdaderas circunstancias de aquella gente. Habían desayunado con ellos, cosa que parecía más simbólicamente que por el hecho de que nos comiéramos sus provisiones. Y tenían ante sí el futuro, un futuro negro e inhumano, pero habían avanzado cincuenta años. Gente como Anette veía a los sintéticos de combate como amenaza para su existencia, otros veían más allá... a sus creadores, las grandes corporaciones como la amenaza real. Ghost veía como amenaza a la propia humanidad, a los ricos, a los que tenían poder y ansiaban el poder total. Pero no creía sensato hacer saber a los demás su opinión. Sobre todo al oír de los labios de Dillon que la consideraba una maquina. Ahora ya no era una compañera, era una maquina. Algo activo su brazo izquierdo convirtiéndolo en un mazo dispuesto a golpearlo, pero Ghost vigilante como siempre, la contuvo.

Si, ciertamente había magia en Yamec, no sabía si esa magia la había afectado solo a ella o si solo a ella no le había afectado. Desde luego Benley no actuaba con miedo nunca, no mientras se tratase de hacer su trabajo, salvar gente. Y el capitán era uno de ellos. Del mismo modo que cuando Joe se metió en la nave Independencia el capitán nos mando a buscarlo, ahora lo lógico era buscar al capitán por muy muerto que estuviera. No, no cuadraba esa actitud y sabía que no le quedaba más remedio que obedecer ya que Benley era el encargado de manejar sus hilos.