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lunes, 20 de febrero de 2012

Superviviente

Superviviente...

Colocó sus brazos en cruz. Cerró suavemente los párpados e intentó dejar su mente en blanco. Un leve cosquilleo recorrió su cuerpo durante algunos segundos mientras su cabeza bajaba y subía como afirmando suavemente hasta dejar la barbilla pegada contra su pecho. Se preparaba para el evento que su corazón tanto tiempo llevaba esperando.

Una amplia sonrisa de felicidad se dibujó en su rostro ahora marchito, en donde las arrugas dejaban adivinar una vida dura pero plena. Continuó así durante algún tiempo, inmóvil. Le pareció oírlo, un lejano rumor anunciaba su llegada y fue cuando alzó su cabeza hacia el cielo, sin abrir los ojos dejando que todos sus sentidos se agudizaran al máximo.

Podía escuchar alegres y suaves risas, murmullos apagados de ansiedad contenida. Sus brazos cayeron lentamente hasta quedar pegados al cuerpo. Abrió los ojos, emitió un suave carraspeo y con lentitud aplastante su cabeza dejó de mirar hacia arriba.

Sonrió a sus pies alentándolos a dar un paso tras otro y que siguieron sus órdenes hasta que llegaron a su destino y se detuvieron. Se tumbó... Diminutas perlas saladas brotaron de sus pequeños ojos mientras sus temblorosas manos recorrían su propio cuerpo. Sabía que los cambios sufridos años atrás continuarían produciéndose y serían más obvios a partir de aquel día.

Se acercaba el momento y su estómago se rebeló contra el evento contrayéndose para dejarla casi sin respiración y provocando un agudo dolor que era tan solo debido a la ansiedad. Se ahogaba, temblaba, lloraba abiertamente sin pudor ninguno y se dejó llevar sin pronunciar palabra alguna...

10, 9, 8 , 7, 6, 5... Todo se tornó blanco, insulso y caótico, casi sin sentido como había su vida en los últimos meses a pesar del apoyo y cariño de los suyos. Todo se había precipitado de forma extraña y caprichosa en las dos últimas semanas.

Notó un profundo calor en su pecho y como todo su cuerpo se alzaba de golpe de forma inconsciente sin haberle dado orden alguna. Volvió a sentir aquella quemazón dos veces más y su cabeza se ladeó bruscamente hacia la derecha...

Despertó... Poco quedaba de aquella hermosa mujer de antaño excepto sus ganas de continuar viviendo y sintiendo, luchando y protegiendo a lo que más amaba, su familia. Había ganado por cuarta vez al intruso que la dejó sin pelo, sin peso, con enormes ojeras y dolores...

A pesar de sonreír, sabiéndose triunfadora y única sobreviviente de la batalla, lloró. Cerró sus ojos apretando la encallecida y ruda mano de su marido, sintiendo el calor del cuerpo de sus hijos sobre ella, escuchando las voces de sus familiares y amigos celebrando abiertamente su heroicidad, su fuerza de voluntad, su lucha diaria... El milagro.

Desgraciadamente, a pesar de la suave sonrisa dibujada en su cara que prodigaba a todos ellos, su mente trabajaba y la preparaba abiertamente advirtiéndole... ¿Volverá de nuevo.... Cuándo?

viernes, 17 de febrero de 2012

Desagradecidos...

Supongo que todos hemos experimentado esa cruel e insana frustración, al conocer a un personaje así en nuestras vidas. Existen situaciones y momentos en que compartes sonrisas, atenciones, buenas palabras y modales, mensajes, llamadas y miradas con alguien que crees que merece la pena mantener a tu lado e inocentemente te dices a ti mismo: “Genial, por fin” Incluso crees que todo funciona divinamente, que tienes una gran suerte, que debes aprovechar el momento y te vuelcas hacia esa otra persona “compensando” y retornando es estado y sensación de felicidad ya sea por medio de palabras, gestos o pequeños detalles sobre todo para cuidar, mimar y permanecer en ese estado de “euforia”, para hacerlo perdurar, pero... Siempre hay un pero, claro...

Sin previo aviso se oscurece el mismo escenario que un día atrás estaba lleno de luz... De un día para otro, todo empieza a desfigurarse, a distorsionase, a dejar de funcionar correctamente. Pero, (si el maldito “pero”...) a pesar de ello pones todo tu empeño en adivinar el porqué, te devanas los sesos para entender como has podido llegar a ser insignificante para esa persona, como es posible que ni te dirija la palabra o se preocupe de ti, en un abrir y cerrar la boca. Y por supuesto a más ganas que tu pones, a más fuerzas y empeño, más fracaso obtienes que va acompañado de ignorancia, indiferencia y el desprecio.

Y es que la gran mayoría de la gente tienen la ferviente creencia que los demás podemos adivinar que es lo que piensan, quieren, necesitan y sobre todo, que podemos entender por que se comportan como lo hacen. Pretenden que seas tu el que se ponga en su piel, en que razones y pienses como lo haría ellos... Tu te esfuerzas en sonreír a pesar del agotamiento físico y psíquico, del estrés que llevas a diario, intentas incluso alejarte para dejarle espacio (que corra el aire o un huracán) y si no resulta, te conviertes en investigador privado, sutil y amable que desea volver a ver o saber de aquella persona con la que compartiste gratos momentos... Pero (si, ese maldito “pero” de nuevo) todos tus esfuerzos son en vano.

Esa gente (por llamarles de alguna manera amable) se olvidan de que con una miserable llamada, con un saludo, una triste palabra o gesto amable pueden volver a hacerte sonreír, a tenerte a su lado porque a ti si te importan, porque son valiosas en si mismas. Son desagradecidos que viven, que se regodean en sus miserias para que los demás continúen o estén a su lado cuando los necesitan, para saber que hay alguien ahí que se preocupa por ellos y cuando lo han comprobado y aprovechado el momento, vuelven a sus vacías, oscuras y tormentosas vidas para dejarte a ti de nuevo el sinsabor y el desconcierto, el no entender absolutamente nada de nada y hacerte sentir el IDIOTA que realmente eres al dedicarle un precioso y único momento de tu vida a es persona, que podrías haber aprovechado para ti mismo. Ellos son el resultado de su propia prepotencia, de su ansia de reconocimiento, de su anhelo por ser algo o alguien.

Y lo más curioso es que no aprendemos, no, volvemos a caer en la misma situación, con personas que son incapaces de ver más allá de si mismos, con gente cuyo ego y egoísmo les impide darse cuenta de que las personas que les rodean tienen también necesidades y sentimientos...

¿Merece la pena dedicarle ni un solo segundo de tu vida a alguien que ni tan siquiera se ha preocupado en saber que te haría sonreír?....

jueves, 16 de febrero de 2012

Añorada Infancia

Añorada infancia... Alejandro.



Bostezó por decena vez. Miró de nuevo hacia los cristales y comprobó que continuaba lloviendo. Cruzó los brazos sobre el pequeño escritorio y apoyó en ellos su menuda cabeza. Se aburría inmensamente.


Había pintado, saltado sobre el colchón, remirado el álbum de cromos, hecho los deberes y esparcido en el suelo los coches montados, como si de caballos se trataran, por los play-mobils... !!Ah!!! También se había comido varios sugus y los papeles azules predominaban sobre los demás, le encantaba el sabor a piña.


Nada por aquí, nada por allá, solo el sonido de las gotas que continuaban aporreando la uralita de la galería. Bufó con desesperación. Cerró los ojos y recordó el escalofrío que recorrió todo su menudo cuerpo al comprobar, aquella misma tarde cuando aún el cielo estaba gris, que nadie había acudido a la cita. Atónito miró a un lado y a otro. Con la boca abierta intentó comprender la situación. Se sentó en el suelo enfadado, asqueado y sorprendido, cuando varias voces hablaron al unísono en su cabeza: “Creo que no podré ir ésta tarde, me han castigado...”.

Frustrado, había permanecido sentado en el duro y frío suelo del parque. ¿Volver ahora a casa? ¿Darle la razón a su madre? Ni hablar. Se quedaría allí esperando oír las campanadas de la iglesia, a que fuera la hora de volver a casa o lloviera y lo haría con una amplia sonrisa como si hubiera sido la mejor tarde de su vida.


La lluvia... Para él aquel evento meteorológico era un castigo y mucho mayor que cualquier otro, sobre todo cuando sabía que de no ser por ella podría haber estado disfrutando de sus amigos... Pero lo peor era lo que pasaría después... Tocaba visita familiar... Si, aquellas tediosas visitas en la que todos te sonreían, te decían que guapo y que alto estabas, te tocaban el pelo y luego de repente, se olvidaban de ti. Tardes interminables en las que debías permanecer sentado en un rincón del comedor escuchando las mismas historias una y otra vez sin moverte, sin atreverte a decir palabra alguna.


Suspiró sonoramente y se alisó la camisa y los pantalones. Sonó el timbre y cerrando los ojos se dispuso a soportar el interminable momento que le esperaba. A pesar de ello sonrió. Sabía, que de hacerlo tal y como debía, bien, la piedad (aquella palabra que tanto le había constado entender en la asignatura de religión) aparecería para transformar la estancia y otorgándole cálidos colores. De pronto escucharía, una más que conocida voz, acompañada de una amplia sonrisa reconociendo su mérito y que le diría con tranquilidad... “Anda... Cariño... Ves a tu habitación a jugar, anda...”

Obediente, sonreiría satisfecho, se despediría de todos ellos y dejaría atrás la estancia para tirarse sobre la cama sin más preocupación que mirar de vez en cuando el reloj que anunciaría tarde o temprano que su casa, su hogar, volvía a estar en perfecto orden.


!Que asco de lluvia!

lunes, 30 de enero de 2012

Leyenda: Las mujeres...




Cuentan los viejos sabios que en el principio de la creación, ya hubo serias y graves diferencias en uno de los dos sexos diseñados para perpetuar una nueva raza: la humana. Aquellas hermosas y exuberantes criaturas de largos cabellos y mirada cautivadora, capaces de engredar a los vástagos que harían multiplicar su especie, competían insaciables por mejorar su aspecto y conseguir lo que otras tenían y creían que a ellas les falta e incluso al que otras deseaban. Los dones de la vanidad, la arrogancia, la envidia y el desprecio no habían sido bien calculados en ellas.

Explican que la crueldad que exhibían, tan solo para demostrar que eran más deseables, superiores y bellas, las llevo a cometer actos infames contra sus propias congéneres a las que sacrificaban para devorar su corazón, beber su sangre y trocear sus cuerpos en grandes trozos de carne y nervios, creyendo que así poseerían aquello que en la más absoluta intimidad, ansiaban tener. Ser la única.

Dicen que el caos fue tal que los elementos que formaron y dieron vida al aquel mundo se unieron para rectificar su gran error de cálculo y poner fin a la barbarie que asoló a aquella tierra. Así pues, fue convenido el momento en que todos ellos actuarían para aniquilar al fruto podrido y poder de nuevo crear al necesario espécimen basándose en los anteriores errores cometidos.

Comentan que a pesar de sus esfuerzos, algunas consiguieron escapar de la aniquilación y se refugiaron en el único elemento que se negó a participar en el evento, el mar. Las bravas y saladas aguas las acogieron transformando aparentemente su aspecto para que no pudieran identificarlas. Desde entonces, el castigo impuesto por su osadía fue transformar sus bocas haciéndolas enormes de oreja a oreja, con tres filas de afilados dientes. A ir desnudas y combinar sus cuerpos con atributos de mujer y de pez. Tan solo en ocasiones especiales cuando dado el permiso oportuno se les permitía subir a la superficie podían seguir mostrando los mismos bellos rasgos de antes, pero envilecidos por una expresión de crueldad que helaba la sangre y de un aliento fétido del demonio del mar que les otorgó, como venganza hacía los suyos, el poder de atrapar el alma del hombre y el cautivar con susurros su alma para arrastralos al gélido infierno que ellas debían soportar eternamente pero que al menos les permitía perpetuar aquella nueva especie.

Aseguran que a pesar de que unas permanecen atrapadas bajo las frías aguas y que otras fueron de nuevo creadas en base a los errores y la experiencia vivida años atrás, los cálculos de nuevo fueron erróneos, de ahí las transparentes perlas saladas que brotan de los ojos de todas ellas para recordarles su origen, su historia, su pasado... Tal vez de ahí el dicho: “El peor enemigo de una mujer, es... Otra mujer...”

miércoles, 25 de enero de 2012

“Els éssers fantàstics de la Roureda”

Ho sabies??? No??? De veritat??? Doncs... Para atenció i llegeix...

Vet aquí que fa segles hi existien uns éssers fantàstics que vivien en el gegantí bosc de roures que era el teu poble. Si, si, On abans hi havien arbres, amb el temps, poc a poc, els homes varen anar destruint el seu hàbitat, embrutant, cremant i talant els roures. Fins i tot van construir la primera fàbrica de mocadors i van edificar cases i edificis, entre d'altres, la nostra escola.

Potser tampoc saps que aquests éssers van intentar trobar un lloc on viure i 'per això van travessar el torrents de Can Llopart i Ca N'estella que acabaven morint en el torrent dels Llops. Així aquests petits entremaliats , que això no vol dir que siguin dolents, van arribar al casc antic del nostre poble que es va desenvolupar entre aquests dos torrents i l'església. Els viuen amagats perquè per desgràcia gairebé ningú creu en ells, a part de que cap arriba a fer més de 5 centímetres i es difícil de veure'ls.

Ho sabies??? No?? De veritat??? Doncs..

Que sàpigues que és a l'escola on es troben més bé perquè els hi encanta fer entremaliadures i han canviat la seva dieta. No t'ho creu? Segur? Uhm... Pensa... Arribes a l'escola i veus que la teva mestra busca el guix que ahir va deixar nou, sencer a la classe. Us pregunta, us mireu però cap de vosaltres ha estat el culpable. Es clar que no! Existeix un follet que és un devorador de guix. Tenen les dents molt fotes i els hi encanta, amés a més disfressar-se amb els papers que no trobeu. Fins i tot es col·loquen de barret les maquinetes, taps de boli i trossos de les gomes que es troben al terra i que ningú recull quan marxeu a casa. Així que ja sabeu.... Aneu en compte!

Però hi ha més, molts més. Coneixes al Trasgolí Cartabó? Aquest gaudeix amagant-vos els deures quan el mestre us els demana i a més a més xiuxiueja a la seva orella sense que s'adoni perquè us pregunti la lliçó quan no la sabeu. Li encanta que els alumnes suspenguin. Mai us ha passat que heu fet els deures però sou incapaços de trobar-los!

I quan de sobte marxa la llum o es pengen i no funcionen els ordinadors? Si! Correcte! És un altre follet al que els seus amics anomenen Follet Elèctric. Però no patiu tant que n'hi ha de bons com la Sílfide Matemàtica, que és una criatura bonica, pel-roja que sempre seu en un racó de la classe, però només de matemàtiques. L'encanten... Es queda tota embadalida amb les multiplicacions, els problemes i el càlcul mental, gaudint així del seu millor moment del dia. A més a més li encanta repassar els exàmens per veure si el professor els ha corregit bé.

Crec que has de saber que no tots els éssers fantàstics actuen sols, alguns d'ells no saben viure si no es en colla con el Sagal Tèrmit, conegut conegut també com el devorador de llapis, el seu aliment preferit desprès de l'escorça dels roures. I el mateix els hi passa a les Paparres Tancaulls. Us penseu que teniu son perquè no heu dormit prou! I ara xavals! Els ulls se us tanquen pel pens d'aquests animalons que es pengen de les vostres parpelles gronxant-se. Atenció! Per desfer-vos d'elles heu de bufar cap els ulls, ami us els fregueu! S'empipen i encara estiren més fort!

Ja, si, ho sabem, si, tots esteu cansants de veure les pilotes desinflades, el cuir del poltre mossegat i fins i tot el matalàs de gimnàstica. Segur que us heu preguntat: com pot ser? Fàcil, el Pupagat Golafre s'ho menja quan la mestra us torna a classe i acabeu de fer educació física, però és tan àgil i ràpid que és molt complicat veure'l en acció.

I parlant de menjar... Sabeu que tot i que és molt lletjot el Trolet de Paperera viu i menja del que vosaltres tireu en ella? Potser és per això que els mestres us demanen, si us plau, que no tireu res al terra, ja que el pobre follet podria passar molta, molta gana.

Va si, us parlaré també del Dimoniet Convocapolls. És mig follet, mig insecte i per mitjà d'encanteris convoca a milers de polls perquè cada any envaeixin les escoles i provoquin questes picors en els cap del alumnes. Sincerament ho fa per fastiguejar als pares.

Per últim, tot i que hi més, molts més, m'agradaria que féssiu una petita reflexió. No us heu assegut algun dia al pati molt tristos i de sobte heu sentit un petit alleujament, que cada vegada es feia més gran? Com si haguéssiu estat moltes hores tancats en la foscor i de cop una finestra es comencés a obrir per deixar entrar la claror i la frescor. Si? Doncs ja heu conegut a la Sílfide del Pati, la que ajuda a aquells que se senten tristos, desplaçats i de vegades, marginats. Ella intenta ajudar-vos però alerta! El coratge per resoldre els vostres problemes ha de sortir de vosaltres mateixos.

Doncs bé, per avui em sembla que ja hi ha prou de parlar i conèixer dels ésser fantàstics que hi ha a la nostra escola “La Roureda”. Potser un altre dia us parlaré dels éssers de la biblioteca, d'altres que dins de l'aula, o del gimnàs o en el pati van que moltes vegades us pregunteu: Què ha passat? Com pot ser? Qui ha estat?



Els éssers fantàstic de l'escola
Albert Alforcea
Mª Isabel Carrasco

****Traducción lo antes posible.... Disculpad las posibles molèsties, pero es el original.....

sábado, 7 de enero de 2012

Leyenda del Amor

Leyenda del Amor...

Cuentan los sabios que el Amor nace y se crea entre personas que se valoran mutuamente y al mismo tiempo a si mismas de forma individual... Que sobre los sentimientos no tenemos control alguno y aún menos en éste... Y que la magia que lo mantiene vivo es el saber que se ha encontrado a la persona indicada, ideal, con la que tu vida puede llegar a ser perfecta... Y que el Amor es el nivel más alto de reconocimiento y de valoración.
Comentan no obstante, que es muy importarte hacerle saber al otro que es necesario y que te hace feliz, ya que todos los humanos tenemos el insaciable deseo de gustar a otras personas, ser reconocidos por lo que hacemos y por lo que somos, que necesitamos ser alguien especial para una persona del otro sexo a la que nosotros también adoramos...
Dicen que el Amor no es otra cosa que ser valorado y admirado por una persona a la que nosotros mismos valoramos y admiramos. La admiración mutua es tan importante e influyente que nuestra vida se convierte de la noche a la mañana en un éxtasis de felicidad. Pero...
Advierten, que ésta felicidad funciona solo bajo una condición. Seguir siendo nosotros mismos y no perdernos en el otro porque en el momento en que consideremos a la otra persona más importante que a nosotros mismos ella ya no podrá querernos de verdad. Ella se enamoró de nuestra singularidad, de cómo eramos, no en lo que nos hemos llegado a transformar por “ella”.
Sentencian que la magia, el sentimiento, el Amor, desaparece porque la admiración hacia ti, como persona única y especial, con sus propios objetivos y sueños que alcanzar, desaparecen ante la necesidad de “reformarte” y “adaptarte”...

jueves, 15 de diciembre de 2011

La nieve


Jadeaba. Inspiraba y expiraba rápidamente hasta que cayó sobre ella. Asombrada contuvo la respiración para sentir como resbalaba entre sus senos hasta llegar a su ombligo y detenerse plácidamente en él en espera de que algún otro compañero le hiciera compañía. Con las mejillas sonrojadas, los ojos abiertos de par en par, el pelo rizado y húmedo sobre su redonda cara y una amplia sonrisa en sus hermosos labios, disfrutaba con placer de aquel extraordinario y tan deseado momento. Su sangre hervía literalmente. Su corazón pugnaba por salirse de su pecho en cualquier momento debido al esfuerzo. Descalza, desprovista de abrigo, alzó su rostro hacia el cielo, cerró sus negros ojos y respiró profundamente para atesorar en su mente la fragancia y la magia del momento.
Suspiró. Sonrió. Se mesó su largo pelo rojo, apartándoselo de la cara y tranquilamente volvió a estirarse. Era consciente de que no podía continuar ni así ni allí. Se calzó las botas altas, sacudió su negro abrigo con la amplia capucha y colocándoselo, cubrió su cuerpo y su pelo. Se detuvo un instante antes de marchar y giró suavemente su cabeza para admirar lo que atrás dejaba, su particular “obra de arte”.
Su cuerpo se estremeció de arriba abajo y su rostro continuó iluminado por el bienestar que la embriagaba. Lentamente empezó caminar. Sus tacones no resonaron aquella noche por las vacías calles del pueblo. Estaba deseando llegar a casa, llenar la bañera de agua caliente y sumergirse en ella para que el fuego interno desapareciera y el calor corporal volviera a su estado natural. Aquella había sido la primera vez en su vida que había visto nevar...

Leyendas 5

Existió hace ya unos siglos un pueblo en donde reinaba la paz. La duda, la avaricia y el egoísmo no tenía lugar en él y sus habitantes disfrutaban de la vida sin más preocupación que las ocuparse de sus trabajos, sus familias y vecinos. Por aquel entonces llegó al lejano lugar un vagabundo envuelto en toscos ropajes. Nadie se alarmó por ello y enseguida le ofrecieron cobijo, comida y nuevos tejidos para mejorar su aspecto sin preguntar, sin pedir nada a cambio.
El extraño aceptó todas aquellas ofrendas de buen grado y con una sonrisa en los labios se dirigió al que le había ofrecido comida.
-”Jamás había probado manjar tan exquisito... ¿Como es posible que aceptes a cambio de tu esfuerzo y habilidad unas simples pieles para protegerte del frío?” -musitó al hombre que alzó sus cejas algo extraño mientras la duda se anidaba en su corazón.
-”Tus manos poseen el don de la experiencia para conseguir ésta calidez en la piel... ¿Como es posible que las regales por un simple plato de comida sin que nadie reconozca tu mérito” - susurró al hombre que lo había vestido sembrando en él la angustia.
-”¿Acaso creen que es tan fácil conseguir que se mantengan en pie sus casas que ajan tus manos y corvan tu espalda a cambio de un plato de comida salada y una piel mal curtida?” -cuchicheó como si no tuviera importancia al carpintero sembrando en él la prepotencia.
El silencio reinó durante algunos segundos en la estancia y los tres hombres se miraron el uno al otro entrecerrando sus ojos, valorándose y desacreditando mentalmente y al mismo tiempo el esfuerzo de los demás. De forma apresurada salieron de la estancia para volver a sus casa y airados comentaron a sus familias como no eran lo suficientemente valorados por sus vecinos. El extraño continuó silabeando y farfullando en los oídos de aquella buena gente frases que hacían cambiar el rumbo de sus sentamientos y sus vidas.
Al alba, el vagabundo, con una amplia sonrisa en su rostro, abandonó el lugar seguro de haber dejado sembrada tras él la semilla del egoísmo, el orgullo, la prepotencia y con ello el dolor, la angustia y el recelo hacia sus semejantes. Cuentan que aquel hermoso paraje poblado de hermosas casa y deliciosos olores, en donde a nadie le faltó jamás nada, quedó reducido a escombros por el simple hecho de creer antes a un desconocido que aun amigo, por la falta de comunicación, entendimiento y diálogo...

martes, 13 de diciembre de 2011

Leyendas 4




Cuenta una leyenda que existió una vez una persona que intentaba cada día dar lo mejor de si misma y sonreír a todos cuantos se cruzaba ante ella sin importarle si eran amigos, conocidos o simplemente desconocidos.
Dicen, que se interesaba por ellos, se desvivía por intentar encontrar soluciones a sus problemas, por mejorar sus vidas y arrancarles una risa de sus labios. Que era atenta y escuchaba en silencio, atendiendo a sus palabras.
Comentan que con el tiempo todos aquellos que habían tratado con esa persona mejoraron su calidad de vida y que creyeron que podían recurrir siempre que lo necesitaran a ella. Así lo hicieron durante mucho tiempo siempre sin encontrar nunca una negativa.
Explican que una sola vez aquella persona expresó tímidamente que necesitaba también de cuidados y cariño, de interés y apoyo, de abrazos y besos. Extrañados y alarmados, todos aquellos que habían recibido de forma incondicional y gratuita sus atenciones empezaron a alejarse, a abandonarla...
De la noche a la mañana todas sus vidas cambiaron,. Se convirtieron en un mar de dudas que se movía como las horas, que daban y quitaban en segundos alegrías. Fue un discurrir entre cascadas de sensaciones y sentimientos que provocaban a la bestia interior que todos llevaban dentro. Era vivir en un lecho de ortigas, dejando jirones de sus pieles entre las zarzas por absurdos códigos sociales que les impedían “dar” algo de si mismos a los demás.
Fue con el paso del tiempo, al querer recuperar las ganas de vivir, sonreír y disfrutar de sus vidas cuando volvieron a buscarla para ofrecerle aquellos simples gestos que nada costaban de dar. Todos y cada uno de ellos cayeron hincando sus rodillas en la fría tierra al darse cuenta de que aquel árbol sin hojas y marchito, con tronco de cuerpo de mujer, era ella. Todos y cada uno de ellos se lamentaron y lloraron por haber dejado morir de dolor y pena a la única persona que les aportó un poco de amor, esperanza y alegría a sus vidas...




Iasbel

sábado, 10 de diciembre de 2011

Santiaga



Santiaga...


Mi abuela decía con voz tranquila y pausada que siempre estaban ahí, luchando por salir en cada situación que les alteraba, les confundía, les motivaba, les esperanzaba. Comentaba que con la edad, se tendía y se aprendía a esconderlos, a encerrarlos de una forma tan hermética que era incluso imposible saber si aún continuaban ahí, incluso para uno mismo. Se lamentaba de que demostrarlos fuera un signo de debilidad, un comportamiento infantil, inmaduro y de que pocos fueran los que consiguiesen a pesar de las torvas y maliciosas miradas, caminar con la cabeza bien alta disfrutando de ellos, luciéndolos abiertamente porque eran parte de ellos mismos como lo eran sus propias manos, su pelo. Su corazón se afligía al ver como muchos recurrían a miles de opciones antes de tener el valor de demostrarlos, gritarlos y convivir con ellos abiertamente. Me recordaba que la vida es de la vida, que no es nuestra, pero los sentimientos si y que son ellos los que te hacen escoger día a día tu camino...


Iasbel

Leyendas 3, Los ángeles



Los ángeles...


Según cuenta una leyenda, los verdaderos ángeles nunca estuvieron en el cielo sino en la Tierra, caminando a nuestro lado, ofreciéndonos su ayuda con su sonrisa cada día... Pero, la mayoría de hombres y mujeres prefirieron ya desde el inicio de los tiempos, mitificarlos para ignorarlos porque los “sentían” diferentes a ellos. Por ignorancia, arrogancia o tal vez miedo, los fueron apartando de ellos. Aquellos seres que sonreían y disfrutaban de la vida, adoptaron apariencias semejantes a la humana para llegar a ser aceptados y poder así aportar a las grises vidas de aquellos hombres y mujeres el color, el amor, la esperanza, la alegría y el cariño.
Según cuenta la leyenda, cansados de los desprecios, dolidos y angustiados, optaron por refugiarse en la única apariencia en que les era posible subsistir para colorear la vida de los demás... En niños. Algunos ángeles continúan a pesar de las canas, ahí sin abandonar el cuerpo del adulto... Porque en realidad los ángeles se convirtieron en la esperanza y la alegría que anida en aquellos corazones que no desean dejar de ser, mirar, experimentar y sonreír como niños....


Iasbel


viernes, 9 de diciembre de 2011

Leyendas 2



Cuentan los viejos sabios que la neblina que embriaga la soledad de las calles durante la madrugada, anima a las sombras frías y oscuras a caminar por ellas buscando sin más aliento que los sueños de los que dormidos reviven el día. Son sombras que absorben todos los miedos, las esperanzas fallidas y las ilusiones rotas. En sus vacías cuencas queda atrapada toda la desesperanza y el dolor, el sufrimiento y la angustia para permitirnos que al alba abramos las ventanas, sintamos que la losa de nuestras responsabilidades es más llevadera y sobre todo, en su postura cómoda de no querer saber, de dejar fluir las cosas para diluirse en la nada cuando amanece, nosotros volvamos sonreír...


Iasbel

Leyendas



Cuenta la leyenda que el Árbol de la Vida se quejó al Sol porque no doraba sus frutos por igual y que al caer y partirse en dos, la Madre Tierra se lamentaba al no encontrar las dos mitades del mismo fruto para unirlas como hombre y mujer. Fue entonces cuando el Viento les susurró a todos: “No es necesario ningún lamento por no encontrar ambas partes de un fruto. No es necesario que tengan ambas el mismo tiempo de maduración si juntas logran ser una... La edad es tan solo un impedimento, una excusa de la raza humana para rechazar, apartar e incluso menospreciar a otra sabrosa mitad, con la que igualmente podrían alcanzar la felicidad...”


(Creada y dedicada a mi hija, en memoria de mi padre... Incluso, ¿Porque no...? A mi misma y todos aquell@s que se han encontrado en una situación similar alguna vez en su vida.)


Iasbel

jueves, 8 de diciembre de 2011

La vida continua...

LA VIDA CONTINUA...
(Núria Morlesin Carrasco i Iasbel)

Antes de coger el tren, me acordaba del sueño que había tenido hacia tan solo cuatro horas mal contadas…

“…Todo sucedía en el mismo tren en el que cada mañana me montaba desde hacía tres años con una única diferencia. En el sueño, en el cristal del vagón, habían escrito:

“ESTAS SOÑANDO, DESPIERTATE, …“

Me quedaba totalmente indiferente ante la frase y me subía en él. Dos paradas después, subía un chico al cual no había visto en mi vida, y que tras localizarme se dirigía hacia el sitio vacío que estaba mi lado. Me miró y sacó del bolsillo de su chaqueta un papel que me entregaba y en el que ponía:

“ ¿Eres tú? ¿Seguro? No lo sé, pero yo creo que sí. Eres Nagore, Nagore Soriano.
Seguramente estarás confundida y raramente incómoda, y no me extraña, ya que al parecer soy un total desconocido para ti. Se quién eres, donde vives, a que deporte juegas, y tu edad. ¿Quieres un ejemplo? Vives en Sant Boi, en el barrio de la Cooperativa, tienes 15 años y juegas a balonmano en el equipo la Coope. ¿Quieres saber más…? Hace dos semanas cortastes con tu novio Víctor Calzada, y tu mejor amiga es Mar Granja […]”


Intuitivamente, antes de entrar en la estación, intenté recordar donde había guardado aquel maldito trozo papel. Aunque sabia perfectamente que era imposible que estuviera ahí, metí la mano en el bolsillo y rebusqué en él.

Gotas de sudor empezaron a formarse en mi frente al palparlo. Hubiera jurado y perjurador que ese papel, que mis temblorosas manos tocaban, no era el que aquel joven desconocido me entregó en mi sueño, que solo era un simple ticket de compra, pero no. LO ERA. Allí estaba, doblado en cuatro partes, blanco.

Lo abrí y leí por encima una vez más para comprobar que efectivamente era el mensaje recibido en mis sueños, sin poder leer de nuevo el final, ya que llegaba tarde al tren. Lo guardé apresuradamente, y salí corriendo de casa mientras aquel sudor frío empapaba mi piel.
Por camino me rompía la cabeza pensando en como podía haber llegado ese papel a mi bolsillo, si supuestamente, me lo habían entregado en un sueño. ¿Acaso me estaba volviendo loca y no podía diferenciar lo que era un sueño de la realidad?

Llegué a la estación justo a tiempo. Por un momento creí que no estaría el tren. Suspirando y dando gracias por la suerte que había tenido al no perderlo, aceleré el paso y me dirigí al mismo vagón de siempre. Mis pies se negaron a continuar caminando cuando mis ojos leyeron atónita en el cristal del vagón:

“ ¿TE RIES? RÍETE, PORQUE ESTO… NO ES UN SUEÑO. ”

Sin pensármelo dos veces, subí temblando al vagón y me senté. Recorrí el espacio con miedo y ansia. Observé a todos y cada uno de los pasajeros que cada día me acompañaban en el trayecto. Él no estaba. Con alivio, volví a sacar el papel y lo leí por última vez, y por fin leí el final del texto:
“… Tu abrigo rojo lo compraste con tu madre en Barcelona, y allí es donde vas casi cada fin de semana….”

-” Veo que estás leyendo mi nota, así me gusta…” – dijo la voz de un joven sentado a mi lado. Giré lentamente la cabeza y observé que estaba ahí, justamente a mi lado, sonriendo tranquilamente como si todo fuera de lo más normal. De repente se empezó a reír y volvió a sacar un papel similar al que me entregó, se levantó, lo dejó en el asiento y se marchó sn decirme nada más.

Atónita, con los ojos abiertos como platos, sin entender absolutamente nada de lo que estaba pasando y sin pensármelo dos veces lo cogí y me lo guardé con prisas. Me bajé del vagón con la cabeza bien alta para que nadie pudiera sospechar lo que realmente pasaba en mi interior: muerta de miedo.

Mientras caminaba, mi mente intentaba buscar una respuesta lógica a todo aquello que me estaba sucediendo. Al mismo tiempo mis ojos iban de un lado a otro buscando al extraño que parecía disfrutar de lo lindo dejándome notas con información que supuestamente solo sabía mi mejor amiga. Sonreí. Si. Eso era. Quería gastarme una pesada broma y se había compinchado con aquel chaval. Me reí. Una risita nerviosa, intranquila que lejos de calmarme me puso más nerviosa. ¿Pero … Por qué?

Entré en la clase y me senté en mi sitio. Nerviosa miraba a todos mis compañeros en busca de mi amiga que casualmente no estaba allí. ¿Ella? !Imposible! Habíamos pasado muchas cosas, tanto buenas como malas, sabíamos demasiado de nosotras mismas, teníamos muchos secretos en común, compartíamos desde hacía tres años casi todas las horas del día…. ¿Acaso no la conocía realmente? Sacudí la cabeza para mantener alejada aquella absurda idea mientras me pregunta… ¿Entonces quien?

-”!Hola! ¿Llego tarde verdad?” -me susurró una voz en el oído de repente.

Del sobresalto la libreta y el bolígrafo volaron, cayendo estrepitosamente al suelo. La profesora se giró y con el ceño fruncido y expresión severa me señaló la puerta. Sin decir nada, sin protestar siquiera, salí de la clase y apoyé la espalda contra la pared del pasillo respirando con alguna dificultad.

El sudor me estaba congelando el cuerpo y en mi puño fuertemente cerrado aún notaba la calidez del papel. Con cuidado, vigilando de qu nadie me viera lo abrí despacio y empecé a leer…

“… Si, soy yo otra vez. No, no es una broma pesada de tu mejor amiga, no. ¿Aún no logras acordarte de mi? ¿No adivinas todavía quien soy? Te daré una pista… Tienes una cicatriz en el hombro izquierdo en forma de rayo, te la hiciste al caerte de un columpio en el parque en donde vivías antes de trasladarte a tu nueva casa hace tres años. ¿No te acuerdas quien te empujaba con demasiada fuerza, tanta que te hizo caer? ¿No? ¿Porqué no se lo preguntas a tu madre? Ella seguro que si se acuerda…

P.D.: ¿ Aún conservas la muñeca de trenzas rojas y vestido azul marino con la que solías dormir siempre? Si, a Nani.”


Nadie sabia de la existencia de aquel preciado y secreto objeto con el que todavía seguía durmiendo cada noche, nadie a excepción de mis padres. Nadie sabía de mi cicatriz ya que quedaba siempre oculta bajo las camisetas de anchos tirantes que obligaba a comprar a mi madre para que no se viera. Nadie.

Sin saber como me encontré ante la puerta de mi casa, jadeando por la carrera, con la cara sucia y llena de lágrimas que brotaban sin parar de mis ojos. No comprendía absolutamente nada de lo que me estaba ocurriendo. No encontraba ninguna relación lógica a aquellos mensajes. No…. ¿Acaso me estaba volviendo loca?

Entré gritando, sin llamar, empujando con furia la puerta. Encontré a mi madre sentada en el sofá, triste, con los ojos empañados y una nota entre sus manos de un tamaño muy parecida a las mías que nada más verme arrugó e intentó ocultar. Se levantó y extrañada me preguntó que hacia a aquellas horas allí en vez de estar en clase.

Le expliqué con detalle todo cuanto me había sucedido gritando, llorando y temblando. Me abrazó e intentó tranquilizarme. Me ofreció un vaso de agua que fue a coger de la cocina dejándome sentada en el sofá. Me lo tomé de golpe y solo recuerdo levantarme al día siguiente con un fuerte dolor de cabeza.

Como si de otro mal sueño se tratara se levanté y busqué las notas. Habían desaparecido. Busqué y rebusqué sin resultado alguno. Sin saber que pensar me senté en la cama y suspiré profundamente. Quizás todo había sido un mal sueño largo…. Muy largo…

Como cada día fui a la estación, me quedé delante del vagón en donde siempre viajaba y me senté en el mismo lugar que solía ocupar. No había escritos en los cristales, no apareció el muchacho desconocido, no hubo notas.

Durante cuatro días esperé con ansiedad a que apareciera, a que diera señales de vida. Lo recordaba. El pelo lacio y negro le caía con un amplio flequillo ocultando uno de sus ojos de color verde. Su media melena se movía al compás de sus pasos. Era más alto que yo, delgado y las dos veces que lo había visto llevaba tejanos y amplias camisetas. A su espalda una mochila amarilla.
De repente aquella mochila pareció ocupar todos mis pensamientos. La recordaba. Algo familiar había en ella, pero no acertaba a saber el qué. Por más que lo intentaba me era imposible ubicarla en el lugar correcto. Así pasé todo el día, intentando adivinar en donde y cuando la había visto otra vez sin resultado alguno.

El fin de semana se me hizo eterno y deseaba que llegara el lunes para reencontrarme con Mar para explicarle mi sueño, para decirle que me había llegado a enamorar de alguien que tan solo existía en mi mente. Quizás llegaría a pensar que estaba loca pero me daba igual. Me había enamorado de alguien a quien no conocía y al que le había puesto cara, incluso voz y tenía que desahogarme.

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Al llegar a la puerta del instituto, estabá allí, mi mejor amiga, me estaba esperando en la entrada como de costumbre. Se nos hizo corto el recorrido hasta nuestra clase, ya que yo iba explicando detalle por detalle todo lo que me habia ocurrido en estos dias.

Creo que ningún ser vivo en este planeta, estaba tan impaciente y ansioso de saber toda la existencia de aquel muchacho. Sin pensarmelo dos veces, aun que no me lo volviera a encontrar ni en mis propios sueños, necesitaba escribirle una nota, una carta, algo en el cual explicase todo lo que siento, todo lo que se me pasa por la cabeza. No sabia como empezar… Quizás un: Hola, sonaba como si lo conociera de algo, y un: Querido joven, sonaba a ejemplar de biblioteca pasado de moda.

Me parece que llegué a romper 5 hojas por que el principio no me convencía del todo. Definitivamente, no estaba a disupuesta a malgastar mas hojas de mi libreta de apuntes y escribi lo que me salia del alma…

-“Ahora me toca a mí. Creo que me merezco alguna explicación… Mejor dicho, alguna respuesta lógica que pueda explicar lo sucedido. Empezando por el principio… ¿Como sabes de mi existencia? Me refiero a que, como sabes tantos datos de mi, que ni mis compañeros de clase, con los cuales llevo 3 años, no saben ni la mitad que tú e incluso mi mejor amiga desconoce de mi cicatriz y de… Nina. No quiero ser indiscreta pero… ¿Quién eres? ¿De donde vienes? Y… ¿Por qué a mí? Por que me has elegido a mí, para enredarme en tu misterio. Por que a mí para pasarme noches en vela descifrando notas que ni si quiera sé donde están. Por que sabes tanto de mi y no de Mar o de mi vecina? A lo mejor, no, seguramente lo que te escribire a continuación te harán pensar que estoy majareta o totalmente descontrolada, pero tengo necesidad de saber de ti, de prescindir de ti, de saber cuando, como y donde estas en casa segundo. Puede que solo sea obsesión por la persona que está obsesionada conmigo, un simple juego mental, pero es lo que siento. Y sín más preanbulos, me despido de ti.“

-Tssssé!- Escuchaba de fondo…

-Tssssssssssssssé!-

Y me giré espontáneamente para saber de donde venia ese horrible sonido.

-Buenos diaaaaaaaaaaaaaaaaaaas! Por fin te giras. Llevo media hora intentando que me hicieras caso, pero nada. ¿Se puede saber que estás haciendo? – me pregunto Mar.

-Nada, nada. Paridas mias…

-Veo que os gusta la chachara… Ya podeis ir a hablar al despacho del director señoritas.- Me interrumpio la profesora ofreciendo esas lindas palabras que terminaron por expulsarnos de nuestra respectiva aula…

-Me parece que me voy a ir a casa… Me encuentro un poco mal, si quieres mañana hablamos vale? Hasta mañana!- me despedí alegremente de Mar.

Tardé 12 minutos contados en llegar a casa, un récord ya que siempre iba a paso de tortuga.
Nada más entrar, mi madre, ya enfadada conmigo, me envió a mi cuarto sin que me dejara explicarme. Deje mi mochila a los pies de mi cama y me estiré en ella…

La rutina de cada dia era la misma, pero con una variante; mi madre, me acompañaba cada día hasta la estación de tren, sin darme motivo alguno.

Me dirigí hacia la estación y de repente todo pareció dar vueltas a mi alrededor. El cristal del vagón estaba pintado con una frase:

“…HE VUELTO…”

Incapaz de articular palabra ni movimiento alguno, por pura inercia subí al vagón, me senté y esperé. Apareció minutos después sonriente, como si nos hubiéramos visto el día anterior, como si nos conociéramos de toda la vida. Armándome de valor, cuando se sentó a mi lado le murmuré…

-”No se quien eres aún… Pero ahora se que no eres un sueño…”

-”Nunca lo he sido ni lo seré… Pero quieren mantenerme lejos de ti… Para estar juntos de nuevo tan solo debes recordar…” -dijo él alegremente, dándome un beso en la mejilla, levantándose y alejándose de mi otra vez.

No pudiendo soportar la idea de perderlo de nuevo, me levanté y corrí detrás de él. Vi como cruzaba la vía por delante del tren y sin pensarlo dos veces lo seguí. No sentí el silbato que daba la salida, no vi como empezaba a moverse, la idea de que ib perderlo de nuevo era la única que invadía mi mente.

Fue entonces, tras el golpe, al abrir los ojos y volver a ver la mochila amarilla ante mi cuando recordé. Sabía quien era aquel muchacho, gritaba mi nombre mientras sus manos parecían teñidas de sangre e intentaba levantarme del suelo. Todo volvía a tener sentido en mi vida. Miles de imágenes pasaron durantes los breves segundos en la que mi vida acabó entre sus brazos…
Ahora lo entiendo todo. Ahora, desde éste lugar nuevo en donde habito sin ser vista entre ellos, puedo comprender que pasó...


Los veo llorando a los tres. Mama, papa y Fran. No era ningún desconocido, siempre habíamos estados juntos, desde el momento en que fuimos concebidos. Están alrededor de mi cuerpo, ahora ya recompuesto, tras el gran impacto de recibí al ser arrollada por el tren.
Hablan entre susurros pero puedo oírlos con claridad. El médico les había aconsejado hacía tres años, que poco a poco fueran introduciendo en mi vida a aquellas personas aquellos objetos que yo fuera recordando. Todo con lentitud para no causar más daño a mi cerebro. Poco a poco para que fuera recordando y consiguiera sin trauma alguno recuperar mi vida, mi memoria, mis momentos.

Fue por eso que Fran, no pudo trasladarse a la nueva casa que mis padres compraron al no recordar yo la antigua en donde había nacido. Fue por aquel motivo que tuvo que quedarse en ella con mi abuela. Nunca habíamos podido vivir el uno sin el otro y por eso él me espiaba, me buscaba entre la multitud siempre escondido, esperando que al verlo, algo se iluminara en mi mente y acabara por acordarme de él.

Mi padre se echaba las culpas de toda aquella lamentable situación. Si hubiera escuchado a mi madre no hubiera cogido el coche en aquellas condiciones tras la fiesta. No hubiera conducido en aquel estado con todos nosotros dentro. Hubiera parado en el stop y el cuatro por cuatro no nos habría arrollado. Yo no habría recibido el golpe en la cabeza ni habría sufrido de amnesia selectiva y ahora continuaría con vida al no tener que ir desesperadamente en busca de Fran para saber quien era.

Mi madre rota por dentro se lamentaba de no tener un carácter más fuerte. De haber cedido ante la insistencia de su marido en que si podía coger el vehículo para dormir tranquilamente en casa en vez de quedarse toda la noche en aquel cuchitril. De no haberme contado el porque de aquellas notas, de aquellos sueños, de mi dolor de cabeza, de todo…

Fran en silencio, me miraba. En su pensamiento tan solo había una pregunta. ¿Por qué no pude esperar a que recordara? Lloraba sin consuelo alguno.

Ninguno de ellos tenía la culpa de mi muerte excepto yo, pero jamás lo admitirían ninguno de los tres. Yo no debería haber corrido tras él. Durante toda mi vida me habían enseñado a ser prudente, consciente de mis actos, pero el amor y el deseo, la curiosidad y el ansia me habían vencido.

No, nadie excepto yo tenía la culpa de haberme enamorado de un supuesto extraño tras el que salí corriendo para saber más de él. Nadie era culpable de mi muerte. Nadie podía haber evitado el suceso porque algo dentro de mi me impulsaba a querer estar con él, con… Fran. Con mi propio hermano… Mi mellizo.

Y a pesar de ello…. A pesar de todo el sufrimiento y el dolor… La vida, para ellos, continúa.

Sueño de Isabella

Sueño de Isabella

Eran ya muchas las noches que la joven yacía sola, tras el funeral. Sin poder remediarlo, la muchacha se movía incansablemente por el lecho en busca de aquel calor que durante tantos años había recibido del cuerpo de aquel hombre que yacía muerto e incinerado y cuya alma había sido llevada por su mano hasta el sitio que le tuvieran los dioses reservado.

Se había bañado, restregado su cuerpo meticulosamente hasta que quedó por fin satisfecha del resultado. Ya no tenía necesidad de estar inmaculadamente limpia para su hombre, su ánimo había decaído tanto que poco le importaba su aspecto físico. Ya no había nadie a quien satisfacer ni a quien esperar. Aún así se impuso a si misma seguir practicando aquel ritual que tanta paz le otorgaba. Se enjabonócomo siempre, el cuello para continuar con los brazos, extendiéndolos fuera de aquélla bañera de bronce y dejando caer gotas de agua al suelo y proseguir por sus pechos semiocultos entre la juguetona espuma que aquel suave jabón, regalo del general, producía.

Sumergiendo sus manos en el agua frotó el resto de su cuerpo suavemente, para posteriormente acelerar su ritmo... Gimió del placer que se estaba otorgando a si misma, mientras se imagina las manos del difunto acariciando su sexo.

Sonrojada , acabado su baño y auto masaje, se embutió en la suave túnica de seda blanca, también regalo de su hombre. Observó meticulosamente la tienda, la sensación de estar siendo observada y de no hallarse sola la había asaltado varias veces. Un cálido roce en su pierna, la sobresaltó. Dirigió su mirada al suelo y sonriendo se agachó para acoger entre sus brazos al pequeño mono que tanta compañía le proporcionaba. Lo apretó contra su cuerpo y acarició su cabeza, mientras en su cabeza la idea de deshacerse de todo aquello que le recordaba tanto al general cobraba una fuerza inusitada.

Se estiró en el lecho, colocando al pequeño animal a su lado y tras desearle buenas noches y volver a besarlo, se abrazó a la almohada. Minutos después, la colocó entre sus piernas y cerró los ojos. En un aquellos momentos deseo fervientemente que ésta se moviera, que tomara vida propia, que la acariciara y acabara cabalgándola como ella estaba acostumbrada.

Tumbada sobre ella las lágrimas acudían raudas a sus ojos. Necesitaba aquella sensación de protección y bienestar, aquel juego, caricias y besos, el aliento cálido y la humedad de una boca entre sus senos. Necesitaba la firmeza de una mano entre sus piernas hurgando y acariciando sus vellosos labios.

Sudorosa se despojó de sus ropas. Se le puso la carne de gallina cuando notó que el gélido frío besaba su sexo. Sus pechos se hincharon e imaginó fervientemente que estaba siendo montada. Una de sus manos recorrió su propio rostro acariciándose suavemente y se pasó un dedo por sus labios, mientras la otra descendía para acabar entre sus ya humedecidos muslos...