sábado, 16 de marzo de 2013

Ilian . 2




Con un chirrido agudo de frenos se detuvo el buga de forma brusca a la entrada de una callejuela donde los rayos del sol peleaban duramente por abrirse paso entre las sombras. Con determinación abrió la puerta del coche y la cerró sin delicadeza alguna. De él se apeó una pava que conservaba un buen tipo a pesar de su desordenada vida y de las ojeras de cadáver que lucía como semáforos. 

O sea, yo.

Con mis jeans ajustados que marcaban un culo que podía dar guerra toda una noche. O al menos eso pensó uno de los dos jóvenes polis que montaban guardia en el portal arcaico de un edificio vetusto y que un día fue elegante, de aspecto vagamente modernista. El otro agente miraba su vómito, el segundo del día al que me enfrentaba, verde cenagoso, con restos de desayuno, con tanta atención y desconcierto igual que si fuera el último trabajo del pintor de moda; su compañero lo consolaba mofándose de él, aunque la expresión de su rostro revelaba que poco le faltaba para  también él descargar su estómago en las baldosas gastadas de la entrada.

Una risa incontrolada surgió de mi garganta para después cortarla en seco.

-Mierdecillas –murmuré, mientras encendía otro cigarrillo. Alcé la voz-  Soy la agente Ilian del cuerpo especial de asuntos especiales, valga la redundancia. -¿Qué cojones decía?-

Le dio una palmada en la espalda al novato. Me echó una mirada de desaprobación.

-Ya sabemos quien eres -y me señaló con la mano que subiera:
 
- Séptimo piso.

Su mirada no se atrevió a pasar de mis ojos a pesar de las ganas que tenía de darme un repaso. Y acabó por hacerlo. No se me pasó por alto esa mirada de curiosidad y morbo, a la que tan acostumbrada estaba ya. Maquillé mi cara pálida de una sonrisa perversa, y me subí  los jeans un poco más para marcar cuerpo y dejé entrever parte de la camiseta que mostraban a las claras que mis pezones no solo eran grandes y duros sino que además iban precedidos de un pecho que aunque no exagerado sí era firme todavía a pesar de superar la treintena de largo.
 
Dudé si me iba a tomar la molestia de subir o era preferible que el agente me contara la película y luego irme a beber una Coca-Cola al bar de la esquina, que no tenía el cuerpo para historias raras. Pero el deber es el deber, y para eso me pagan.
 
 “Es hora de que subas pequeña... Tú ya no tienes nada en tu estómago así que... Adelante, además estás acostumbrada a esos escenarios en los que tanto disfrutas mirando... Venga, ponte en marcha...” -dijo suavemente aquella voz que me acompañaba de por vida. Cerré los ojos.  Hacía mucho tiempo, había intentado localizar en sus recuerdos al dueño o dueña de aquella cantinela que la taladraba desde el accidente. Sabía que tarde o temprano reconocería al propietario pero de momento esa parte de mi cerebro se negaba a darme la respuesta. Suspiré, aburrida de mí misma y de mis tonterías.

-”! ¡Mierda! Debo dejar el Cacique, o acabaré en un psiquiátrico antes de tiempo...” – dije en voz alta. Los otros me observaron, sonriendo de forma esquiva.

”Supongo que nada agradable me espera ahí arriba “Y menos con el imbécil baboso de Gálvez...” 

- ¿Podrías describirme el escenario con detalle, agente?

Una arcada seguida de otra me subió hasta la garganta. Me hizo sentir aún más viva. Y más echa polvo. Sabía que provocaría el nuevo espasmo en el estómago del más imberbe pero que también al hacerle recordar el lugar pasaría lo mismo con el “curtido” en experiencia. Dicho y hecho. Ambos hombres doblados ante mí decorando el suelo de bonitos colores.

-”En fin, ya veo que no será posible... Gracias de todos modos...” -añadí con algo de sorna en el tono de voz.

“No, no son gilipollas, ni lerdos, ni blandos, ni.... Son personas, ¿Te acuerdas de lo que significa esa palabra?

”¡Cállate de una puta vez....! Necesito concentrarme y no tengo ni el estómago ni la cabeza demasiado finos.” -advirtió entre dientes,  mientras buscaba en uno de mis bolsillos aquel frasco milagroso que conseguía que pocos minutos con tan solo una diminuta pastillita, devolverle a la normalidad.  Se la tragó sin agua, como siempre...

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